Sígueme si quieres, pero recuerda que yo tampoco sé el camino...

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miércoles, 26 de diciembre de 2012

Grita.

Muchas veces el mundo no capta tu mensaje porque no lo dices lo suficientemente fuerte.

Si quieres que te oigan, grita.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Si alguna vez mis ojos vuelven a recordarme al mar, que sea únicamente por el color, no por la humedad que haya en ellos.
Si alguna vez vuelvo a mirarte y a sentir mariposas en el estómago, que sea sólo para inmediatamente arrancármelas a puñados y echarlas bien lejos.
Si alguna vez vuelvo a creer en ti, que lo haga para reírme de mi absurda fe ciega.
Si alguna vez vuelvo a caer, que sea para levantarme con más fuerza.

Y que mi sonrisa no se borre ni un sólo instante de mi cara. Porque encontraré a quien haga que mis ojos se humedezcan con risas. Encontraré a quien me devuelva las mariposas, y estoy segura que serán más bonitas y más coloridas. Encontraré a alguien en quien confiar plenamente sin ningún tipo de dudas. Y, por supuesto, encontraré a quien caiga conmigo y me levante todas las veces que sea necesario. 


El tren pasa una vez...

domingo, 16 de diciembre de 2012

Los grandes cambios requieren grandes esfuerzos.

O grandes decisiones. Lo que está claro es que las cosas no cambian por sí solas, que algo tienes que hacer para poner en marcha el cambio. Aunque dé miedo. Aunque no sepas cuál será el resultado. Aunque pierdas la partida.

viernes, 7 de diciembre de 2012


Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle
en el murmullo que brota de la noche
de los postes de alumbrado,
ni en los libros prestados,
ni en el hasta mañana.

No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,

ni en una cifra telefónica estarás,
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré
amor mío
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás

y diré las cosas que sé decir
y soñaré los sueños que se sueñan.

Y sé muy bien que no estarás
ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo,
ni allí afuera
en ese río de calles y de puentes.

No estarás para nada,
no serás mi recuerdo
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.


(Que Dios me perdone la osadía de quitarle versos a los poemas de Cortázar).

viernes, 23 de noviembre de 2012

Solía pensar que eras mago.

Sí, solía pensar que eras mago. ¿Quieres que te diga por qué? Está bien, te seré sincera. Pensaba que eras mago porque dibujabas una sonrisa en mi cara cada vez que tu mirada se cruzaba con la mía. Pensaba que sabías hacer magia, porque llenabas de colores mis días grises con unas simples palabras.

Y, tonta de mí, pensaba que sólo sabías hacer magia conmigo.

Pero ahora sé que todos los magos tienen su truco. Que la magia no existe. Y que tú no eras como yo creía.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Pensé que sí, pero no. Quise pensar que no... pero era que sí. Me di media vuelta y me hice la tonta. Fantaseé con un futuro incierto. Me morí de ganas de probar. Obvié las diferencias. Asumí riesgos. Soñé contigo. Sentí por los dos. Esperé sin recompensa. Esperé casi eternamente. Pregunté sin respuesta. Obtuve respuestas sin preguntar. Lloré con ganas. Reí con miedo. Me sentí vacía. Engañé a mi corazón. Culpé a tus ojos. Odié tu sonrisa. Cerré los ojos fuertemente. Me vacié de lágrimas. Di un salto valiente. Me completé yo misma. Volví a sonreír. Fingí que nada había pasado. Ignoré los cambios. Trunqué mis sueños. Di la bienvenida a la realidad. Pisé fuerte el suelo. Me atreví a soñar de nuevo. Sonreí contigo. Dije adiós al rencor. Acaricié el sentido común. Me odié por inocente. Olvidé mis miedos. Conocí mi verdadero yo. Te volviste imprescindible. 

Sigues siendo imprescindible. A veces, noto que quiero más. Que quieres más. Parece que he olvidado todo lo vivido. Olvido lo difícil que es. Lo inalcanzable que es. Olvido que estar escribiendo esto no tiene ningún sentido. Que nunca cambiarán las cosas. Ignoro el dolor. Me atrevo a volver a fantasear. Sonrío con muchas ganas. Sonrío esperando tu sonrisa como respuesta. Y la obtengo, sincera. Vuelvo a confundir sentimientos. Malinterpreto miradas. Me digo a mí misma que las cosas malas hay que recordarlas, para aprender de los errores. Quiero creer que fuiste un error. Algo que no debió pasar. Me veo obligada a encerrar a mi corazón en una habitación oscura. No quiero que vuelvas a llamar a la puerta, si no es para entrar y quedarte dentro. Para siempre.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Siete de noviembre.

El siete de noviembre es un día bonito, por varias razones. El siete es uno de mis números favoritos. En noviembre ya hace frío, y me encanta el frío. Sólo queda poco más de un mes para que llegue la Navidad. El 7 de noviembre de 1822 se inaugura la Universidad Complutense de Madrid. El 7 de noviembre de 1886, se abole la esclavitud en Cuba. El 7 siete de noviembre de 1929 se abre al público el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Y el 7 de noviembre de 1993, nace mi mejor amiga.

Y sí, habéis leído bien, digo que nace mi mejor amiga. No "la que fue mi mejor amiga", ni "una de mis mejores amigas a día de hoy", sino mi mejor amiga. No desde siempre, pero sí para siempre. 

No hay siete de noviembre que no me despierte pensando en ella, y dándole las gracias a Dios por haberla puesto en mi vida, en mi camino. Sinceramente, creo que si nos hubiéramos conocido en otras circunstancias, no seríamos ni la mitad de lo que somos ahora mismo. Si hubiésemos sido compañeras de clase, no se habría quedado más que en eso; si nos hubiera presentado algún amigo en común, a los pocos días no nos acordaríamos ni del nombre de la otra. El modo en el que conoces a alguien, marca vuestra relación, y mucho. Por eso sé que nuestra amistad no depende de nosotras, que es mucho más fuerte que las fuerzas humanas.

Mantener una amistad entre dos personas que comparten los mismos gustos, es demasiado fácil. Seguir queriendo con las mismas fuerzas a una persona cuando la ves todos los días, es algo que casi nadie puede remediar. Pero querer incluso más cada día a alguien a la que a penas ves lo equivalente a unos dos meses a lo largo del año, a alguien con quien puedes estar días e incluso semanas sin hablar y que todo siga igual... es algo de lo que no todo el mundo puede permitirse el lujo de presumir. Y menos cuando tu concepto de "estrés" se traduce en miles de leyes por leer y tochos de folios por estudiar, y el de ella se refiere a mil fotos por hacer e infinitos dibujos y trabajos que realizar. 

Para expresarse, a ella le basta un lápiz y un papel en blanco; yo, en cambio, necesito un teclado... y mucha paciencia. Ella se acuesta temprano para comenzar su jornada madrugando; yo trasnocho trabajando, y me despierto cuando ella ya está en clase. Ella se ganará la vida delante de un ordenador; yo, entre juzgados y despachos. Yo siempre tuve clara mi vocación; ella no la encontró hasta hace dos veranos. Ella solía ser una rebelde inconformista; yo jamás me salí del "niña buena". Ella siempre ha querido volar lejos de casa; mientras que a mí me aterra la idea de abandonar Cartagena. 

Y diréis: siendo tan diferentes, ¿realmente merece la pena mantener una relación así? Sí, merece la pena. Merece la pena cuando tu amiga va por toda su Universidad cargada con 4 libros enormes para ti. Merece la pena cuando te acompaña a pasar una tarde entera en una librería eligiendo libros. Merece la pena cuando en un ataque friki le dices que quieres un Sinsajo y a los pocos meses te lo regala. Merece la pena cuando, a pesar de su mala memoria, nunca nunca falta su llamada el 2 y el 16 de agosto. Merece la pena cuando después de un día agotador, ella te está esperando en el ordenador para hablar de cualquier tontería. Merece la pena cuando ella está triste porque, tras unos días juntos, su novio se ha vuelto a ir a su ciudad, y tú finges que no tienes nada que hacer para hablar con ella e intentar hacerla sonreír.

Pero sobre todo, merece la pena cuando después de nosécuántos años, cuando alguien dice "amistad", la primera imagen que te viene a la cabeza es la de ella.

Este año no pretendo hacerte llorar, sólo quiero que tengas claras unas cuantas cosas; para siempre. Aunque no suela decírtelo, te echo de menos cada día que pasa desde que nos despedimos. Pero al mismo tiempo estoy feliz, porque sé que, aunque estés lejos, estás disfrutando de tu vida de universitaria, que has conocido a muy buenas personas y que te cuidan y te quieren. Y sé que eres feliz haciendo lo que más te gusta. Llegarás muy lejos, a donde quieras. Tienes un don, aprovéchalo como tú sabes. Sigue con tus fotos y tus trabajos. Y recuerda que siempre voy a estar aquí cada vez que me necesites. Y cuando digo siempre, quiero decir siempre. 

Ah, por cierto... ¿te he dicho alguna vez que te quiero? 


Cuando sufras, aquí me tendrás;
No dejaré de estar contigo, ya verás.

martes, 30 de octubre de 2012

No hay dos sin tres.

Otra vez la misma mirada. La misma sensación. La misma magia. No sé lo que puede significar, lo que sé es que no es casualidad.

Esperaré tu mirada de nuevo. No hay dos sin tres. A la tercera va la vencida. Nos volveremos a ver...

martes, 23 de octubre de 2012

Y una bolsa de fresas de gominola al salir de clase.

Para endulzar el final del día. Y no precisamente con las gominolas.

martes, 16 de octubre de 2012

Llorar de vez en cuando es bueno. Te ayuda a sacar lo malo de ti, para dejar más espacio a lo bueno.

Hay personas que no suelen llorar. Por una serie de razones que nunca conoceré, yo soy bastante llorona. Quizás las cosas me afecten demasiado. Es posible que la razón sea que el ideal que me monto en mi cabeza pocas veces se corresponde con la realidad. Pero el caso es que lloro mucho. Como si con las lágrimas pudiera expulsar de mi interior lo que me está haciendo daño; como si las lágrimas purificaran el alma. Y creo que de algún modo es así. Si no lloras algo que te duele, te va a doler durante más tiempo. 

Llora, llora todo lo necesario. Piensa que cuando las lágrimas limpien las nubes de tus ojos, pronto verás el Sol. Más bonito y reluciente que nunca.

domingo, 7 de octubre de 2012

Un simple cruce de miradas que te deja sin aliento.

Un día cualquiera, una calle cualquiera, a una hora cualquiera. De repente alguien se cruza en tu camino. Literalmente. Y cruzáis las miradas durante unos segundos que podrían haber sido horas. Y ya está. Cada uno sigue por su camino. Dejando atrás un instante difícil de borrar de la memoria; al menos de la tuya. 

Y pasan las horas, y sigues pensando en esa mirada. Es como si te hubiera hipnotizado y no pudieras dejar de recordarla. Días más tarde, quizá no la ves con la misma intensidad, pero no puedes olvidar lo que esa mirada te hizo sentir. Algo casi imposible de explicar. 

El lugar adecuado. En el momento adecuado. La no-casualidad de la que tanto habla la gente. ¿Y si...?

Pronto volveremos a cruzar las miradas, piensas; sólo espero que tú también te acuerdes de mí. 

viernes, 5 de octubre de 2012

Convierte tu pasión en tu profesión.

Si hay algo en lo que creo a ciegas ahora mismo, es en el título de esta entrada.  Creo sinceramente que lograrlo, es una de las mejores cosas que te pueden pasar en la vida. Estamos acostumbrados a oír a la gente quejarse de cuánto trabajo han tenido a lo largo del día, o maldecir los lunes por la vuelta al lugar de trabajo. ¿De verdad merece la pena vivir así? Supongo que a veces sí, que a día de hoy no están las cosas como para dejar escapar un trabajo, por muy poco que te guste.

Pero yo sigo creyendo en no conformarse con trabajar en algo, sino que hay que buscar la realización personal en todo lo que hagamos en nuestra vida. Si no disfrutas con lo que haces profesionalmente, es como si de 24 horas que tiene el día, sólo vivieras la mitad. Y vivir media vida tiene que ser muy triste.

Soy consciente de que no todo el mundo tiene las mismas posibilidades, y no todos tienen la posibilidad de vivir de su pasión, o incluso quizá ni siquiera puedan tener la oportunidad de intentarlo. Y precisamente por eso, valoro como nadie mis posibilidades. El regalo que un día me hicieron de cumplir mi sueño y poder llegar a sentirme completamente realizada el día de mañana; tanto personal como profesionalmente. Y no me importa quedarme dos, tres, cuatro noches (o las que sean necesarias) delante de un libro para conseguir mi meta. Habrá épocas en las que las fuerzas desaparezcan y el entusiasmo me abandone, pero sé que pronto vuelven, porque siempre están conmigo.

 Hace unas semanas, un profesor se nos presentó hablando de las dos cualidades que más valora en sus alumnos: codos y voluntad. Esas dos palabras se grabaron en mí a fuego, y desde entonces no dejo de pensar en ese día, en cómo me sentí al oírlas y en cómo me sigo sintiendo aún hoy recordándolas. Ese mismo profesor, días más tarde, nos citó un proverbio árabe o chino (no lo recordaba muy bien, cosas de la edad), que decía lo siguiente: Los cuervos vuelan bajo y en bandada; el águila vuela sola y bien alto. A continuación nos preguntó si queríamos ser cuervos o águilas. Y entonces entendí, entendí muchísimas cosas. Entendí que los días enteros de encierro en soledad tienen un motivo y una recompensa. Entendí que he sido cuervo durante mucho tiempo, y que ha llegado el momento de convertirme en águila. Leyendo esto me pregunto si a mi profesor le pagarán en realidad por motivarnos, y las clases de Derecho Administrativo no son más que una tapadera... Sea como fuera, agradezco enormemente la casualidad de que se haya cruzado en mi camino. Pero la casualidad no existe, o al menos eso he oído innumerables veces (y yo me lo creo), así que supongo que alguien me ha hecho un guiño mandándomelo a mi vida.

Porque tengo pocas certezas en mi vida (desgraciadamente), y una de ellas es que quiero convertir mi pasión en mi profesión. Y, ¿sabéis qué? Voy a conseguirlo.




(Creo que es la primera vez que dedico una entrada entera a hablar tan profundamente de mis inquietudes académicas y profesionales. Será que se nota el paso del tiempo. Me estoy haciendo vieja demasiado joven.)

sábado, 15 de septiembre de 2012

Cosas que siempre suenan a triste.

Enfrentarte a nuevas situaciones siempre es duro. Pero más aún cuando crees que estás sola frente a ellas. Pensar en el futuro y agobiarte. Empezar a dudar lo que siempre tuviste tan claro. Que tu mejor amiga se vaya de la ciudad, otra vez. Enterarte de que no puedes confiar prácticamente en nadie.Y que te duelan los ojos de buscar, de buscar sin encontrar nada; de esperar sin ningún resultado. Que te duela tanto, tantísimo el alma, que no tengas ni fuerzas para dirigir tu cuerpo...

lunes, 10 de septiembre de 2012

Cada cual se labra su futuro.

Y yo estoy orgullosa de lo que estoy haciendo para el mío. Tanto a nivel profesional, como personal (que es más importante). Nunca me he traicionado a mí misma, y eso es una de las cosas de las que más me enorgullezco. Soy todo lo que siempre he querido ser. Tengo a mucha gente que confía en mí, que saben que no les fallaré... y me gusta pensar que eso es una recompensa. Estoy segura de que allí arriba, alguien más se estará sintiendo orgulloso de mí.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Todos necesitamos de vez en cuando un hombro en el que llorar, unos oídos que nos escuchen, una boca que nos consuele y unos ojos que digan más que mil palabras. Alguien que aguante nuestros problemas, que escuche nuestros sentimientos y que nos dé una palabra de aliento.

Alguien que nos haga la vida más fácil con una simple sonrisa, y que nos aparte del mundo con una mirada exclusiva para nosotros. Que nos diga que todo tiene solución, y que los exámenes, antes o después, se aprueban. Que las cargas son menos pesadas llevándolas entre dos...


sábado, 1 de septiembre de 2012

Valorar lo que se tiene.

El año pasado por estas fechas, era tremendamente feliz. Acababa de ser admitida en Derecho, y mi sueño empezaba a hacerse realidad. Nada podía borrarme la sonrisa de la cara. Tras un duro año, sigo feliz, pero a veces las fuerzas flaquean.

Hoy, han salido las últimas listas de admitidos para este curso. Tengo varias amigas que se han quedado fuera. Están viendo cómo su sueño se le escapa de la punta de los dedos y no pueden hacer nada. Y yo aquí, a 2 días de los exámenes... y perdiendo el tiempo.

Estoy viviendo la oportunidad que no todo el mundo tiene en su vida. Y voy a aprovecharla. Por mí. Y por ellas.

domingo, 26 de agosto de 2012

Nunca fuimos nada, pero siempre tuvimos algo (especial).


martes, 21 de agosto de 2012

Agosto.

Todos los agostos son especiales. Para mí, claro. Quizás influya bastante el hecho de que cumpla años. O de que tenga más tiempo libre (hasta este año). Lo curioso es que todos los agostos he tenido a alguien en quien pensar. Obviamente el que más recuerdo es el anterior. De hecho, tal día como hoy, estaba conociéndole. Disfrutando con encontrarme con sus miradas furtivas en cada ciudad nueva que pisábamos. Y un año después, y a pesar de todo lo que ha pasado, no me arrepiento de haberlo intentado. Es más, no me arrepiento de ninguna de las veces que lo he intentado, aunque haya salido mal. Porque de todo se aprende en esta vida, y yo soy una persona a la que le gusta muchísimo aprender. De cada error se saca una lección, y de cada mala experiencia, una bonita historia que contar. Y a veces incluso una amistad para siempre.

Pero este agosto es diferente. Este agosto no tengo demasiado tiempo para pensar en lo de siempre. Dedico todo mi tiempo y toda mi mente a estudiar lo que más me gusta del mundo, lo que siempre he soñado y a lo que quiero dedicar mi vida. Y no me arrepiento jamás. Tengo la certeza de que he tomado la mejor decisión de mi vida, y estoy segura de que obtendré mi recompensa. Y valdrá más que todas las historias bonitas y todas las lecciones que he aprendido todos los agostos anteriores.


domingo, 12 de agosto de 2012

Creo en los milagros.

Si te hubiera conocido en otro sitio, quizás ya me habría rendido. Si nos hubiéramos conocido de otra forma, probablemente hace bastante tiempo que habría dejado de intentarlo. Incluso si no hubiéramos compartido los momentos que hemos compartido justo en el día apropiado, tal vez nunca habría llegado a esperanzarme.

Pero la vida es así de caprichosa. Tú y yo somos tú y yo. Nos conocimos porque alguien así lo quiso. Y no puedo obviar todo eso. Soy de esa clase de personas que no creen en la casualidad, de las que intentan encontrarle un porqué a todo. Veo señales por todas partes (en ocasiones incluso donde no las hay), y tú estás lleno de ellas. 

Ahora que lo pienso, creo que siempre hubo algo que me guiaba hacía ti, pero lo veía tan lejano, tan tenebroso, tan perfecto... que me daba miedo y optaba por ignorarlo. 

Pero ese futuro tan inalcanzable empieza a hacerse presente. Veo un rayito de esperanza al que me aferro con todas mis fuerzas porque no quiero perderlo. No quiero que esto se convierta en otra historia inacabada sin final feliz. Y dentro de mí algo me dice que no será así. Por eso seguiré...

No he dejado de intentarlo,
porque creo en los milagos.

martes, 7 de agosto de 2012

- Pide un deseo.

Cierras los ojos bien fuerte y obedeces. Lo tienes. Sonríes. Abres los ojos y soplas las velas que tienes delante de ti. 

Y así cada año. Pensándolo en frío, puede parece una chorrada creer que un día al año pueda hacerse realidad aquello que deseas con todas tus fuerzas si lo retienes en tu mente unos segundos antes de soplar unas velas. Pero es un día especial. Es tu día. Es el día en el que nadie te lleva la contraria. En el que todas las personas para las que significas algo, intentan pasar un rato contigo, o al menos hablar durante unos minutos para hacerte ver que se acuerdan de ti. Es el día en el que celebras un año más en este mundo (aunque a veces piensas en si realmente hay algún motivo para celebrar cosas así). 

Es tu día, y nadie te va a quitar la ilusión de pensar que todo es posible. Y de que quizá este año sí se haga realidad. Porque puede que las estrellas fugaces no sean eficaces, pero lo deseos de cumpleaños tienen una magia especial que te dice que todo es posible. Quién sabe.

Yo de momento ya tengo mi deseo preparado para cuando tenga unas velas a pocos centímetros de mí dentro de 9 días. Te voy a pedir a ti. Una vez más.


domingo, 29 de julio de 2012

Nos pasamos la vida esperando a que pase algo y, al final, lo único que pasa es eso: la vida. Y cuando queremos darnos cuenta, la hemos desaprovechado. No hemos hecho locuras cuando hemos tenido ocasión, y después nos arrepentimos. Los días pasan sin pena ni gloria, al igual que los meses y los años. "Hoy me quedo en casa tranquilita, no me apetece salir", y así un día y otro. Y luego piensas que quizá no compartiste todos los momentos que te habría gustado con algunas personas, entonces es cuando llega el momento de despedir (temporalmente, por Dios) a esas personas y te arrepientes de no haber perdido horas muertas a su lado, hablando de cualquier tontería, pero juntas. Y entonces te das cuenta de que ser feliz en la vida no es esperar a que pase algo, sino disfrutar de lo que te pasa todos los días por muy repetitivo que sea. Y llegas a la conclusión de que sí, puede que disfrutes de los pequeños detalles del día a día y de que en el fondo tu vida no es tan mala como crees a veces, que tienes personas que te quieren que harían lo que fuera por ti.


Pero 18 días antes de cumplir 19 años te sinceras contigo misma y admites que sigues esperando algo. Y te maldices por dentro porque sabes que, maldita sea, siempre vas a esperarlo hasta que llegue el día en el que se digne a llegar. 


Y entonces, justo entonces, algo te dice que cuando seas tan fuerte como para saber que llegará cuando tenga que llegar y que esperándolo con ansias no aceleras el proceso... es cuando aparece.

martes, 17 de julio de 2012

Somos sólo personas.

Personas que vienen y van. Personas que entran en tu vida para quedarse un rato, y otras que no se van nunca. Personas que, a pesar de irse pronto, dejan una huella imborrable. Personas que comparten contigo algo más que pupitre y clase. Personas a las que ves una o dos veces a la semana y te gustaría ver más a menudo. Personas que entran de casualidad y poco a poco te van calando muy hondo, hasta el punto de formar parte de ti. Personas a las que no encuentras cuando las buscas, y personas a las que encuentras sin buscar. Personas por las que harías mil locuras. Personas por las que llevas esperando quizá demasiado tiempo y no te atreves a dar el paso. Personas a las que nunca has visto en persona pero las aprecias muchísimo y te entienden incluso mejor que los que te rodean físicamente. Personas que se acuerdan de ti cuando les conviene. Personas intermitentes, que aparecen y desaparecen sin previo aviso. O personas que desaparecen y de repente vuelven, consiguen lo que quieren y se van. Personas que creías que eran de una manera y acaban siendo de otra. Personas que simplemente están ahí, pero que no te aportan nada en especial. Personas que han estado siempre, y sabes que nunca se irán. Personas con las que podrías estar hablando horas y personas que te aburren al minuto. Personas para las que pasas desapercibida y personas que lo pasan para ti...


Pero personas, al fin y al cabo. 



lunes, 16 de julio de 2012

CRZ

Hoy me ha dado por recordar cómo era mi vida a los pocos años de añadir una cifra más a mi edad. Las clases eran "un rollazo", por supuesto que no disfrutaba estudiando, pero lo hacía el día de antes de prisa y corriendo y la verdad es que obtenía buenos resultados. Los cambios de clase eran una constante pelea de bolas de papel y tizas hasta que un "¡agua!",o, en nuestro caso, un "¡agua, tierra, fuego!" nos avisaba de que el profesor venía de camino por el pasillo y debíamos volver a ser niños bien educados.Vivía toda la semana esperando el viernes por la tarde.

Los viernes eran mi paraíso, nos reuníamos todas en casa de la amiga que vivía en el sitio más estratégico para juntarnos con todos los demás. A veces nos íbamos a la famosa plaza roja cruzando los dedos para ver si ellos aparecían por ahí, y se nos subía el corazón hasta la garganta cuando la suerte estaba de nuestra parte y podíamos cruzar miradas e incluso palabras con ellos. Y, ¿qué decir de las fiestas de pijamas? Aún hoy recuerdo cómo me sentía con ellas a mi lado, hablando de cualquier chorrada, comiendo pizza a las 3 de la mañana, recordando "amores" pasados, ilusionándonos las unas a las otras... Si me acuerdo sólo puedo sonreír. Por no hablar a la típica amiga a la que sólo dejaban quedarse a dormir si también me quedaba yo... O las escapadas a la bolera cuando la mayoría de nuestros padres pensaban que estábamos durmiendo, para ver a los protagonistas de nuestras fantasías jugar al billar... Lo único malo de todo esto era el despertar de la mañana siguiente. Con suerte habíamos dormido 4 horas seguidas, y nuestras caras eran un vivo reflejo de ello.

Las actualizaciones en el "fotolog" contando nuestro día a día. Recuerdo una vez que pasamos todo el día (y noche) juntos, y para no olvidar ningún detalle, íbamos apuntando todo lo que hacíamos en una libretita... Y al día siguiente todos los lectores de nuestro blog podían sentirse parte de la historia.

Los llantos por el mal de amores, los cabreos tontos cuando un chico nos ilusionaba a más de una... Y comentar una de las series que más me ha marcado en mi vida, Rebelde Way. Sentir la envidia de todas mis amigas cuando los vi en directo en la firma de discos.

Los festivales de ballet con mis dos mejores amigas. Llevar bolsas de patatas ocultas entre la ropa de baile y comer entre descanso y descanso. Las clases en las que acabábamos reventadísimas de tanto bailar y pasárnoslo bien juntas...

Y así podría seguir durante horas. He tenido una infancia muy, muy feliz. Y unas amigas inmejorables a mi lado. Ahora las miro... y siento demasiadas cosas a la vez. Nostalgia, porque muchas ya no son lo que eran. De hecho, algunas ni siquiera cruzan más que un simple "hola" conmigo cuando nos vemos por la calle. Por suerte, con otras mantengo un poco más de contacto... Pero también siento felicidad, porque a pesar de que ahora estemos distanciadas, ellas me hicieron muy feliz, y siempre las recordaré. Me gustaría reunirme con ellas alguna vez, y hablar de lo que fuimos, de lo que nos hemos convertido y que por unas horas todo sea como siempre. Aunque después cada una volviera a su vida y no volviéramos a vernos en meses... Pero de verdad que me gustaría darles las gracias por esos años y por tanto cariño.

Esta entrada va dedicada para mis 3 mejores amigas de la infancia. Que sepáis que me sigo acordando de vosotras, y mucho. Que tengo un anillo con tres letras que me recuerda todo lo que un día fuimos. Nunca os olvidaré, siempre seréis mis CRZ.

lunes, 9 de julio de 2012

Y todo lo demás, está de más.

Tardamos demasiado tiempo en aceptar que lo verdaderamente importante está tras la piel.

A veces me gustaría gritarlo a los cuatro vientos. Escribírselo en la frente a toda esa gente que va por la calle con una carcasa que ellos mismos se han fabricado. Que a la hora de la verdad, el estuche es lo de menos. Que lo que de verdad importa es el interior. Y estoy segura de que lo que vemos por fuera, poquísimas veces se corresponde con lo que hay dentro.

Pero, en fin, ¿qué más da, no? Vivimos en el mundo de las apariencias... Donde si te sonríen de frente, son tus mejores amigos y si te dicen la verdad a la cara por tu bien, son los malos de la película.

Y así vamos.

viernes, 6 de julio de 2012

Paciencia, divina ciencia

Siempre me he definido como una persona paciente, y creo que de hecho tengo mucha paciencia. No me desespero fácilmente y puedo esperar una eternidad si sé que al final voy a conseguir lo que quiero.

Pues así llevo los últimos años de mi vida. Más concretamente, dos años, cuando vi que todo lo que quería se esfumaba. Durante estos dos años,  he esperado lo inesperado, sin desesperar. He intentado distraerme con otras cosillas parecidas (pero que en el fondo no le llegan a la suela de los zapatos a lo que realmente quiero), pero siempre mantenía la esperanza de que algún día sería mío. Hace pocos meses, volvió. Y me puse más feliz que una niña pequeña con unos zapatos nuevos. Hasta aquí todo sería perfecto, pero hay un pequeño gran problema. No sé qué hacer para tenerlo, para alcanzar el objetivo que siempre he querido y que siempre he visto mío. Necesito un mensaje, una señal... o un golpe de suerte. Porque si no, tarde o temprano volverá a irse. Y algo me dice que más temprano que tarde.

miércoles, 4 de julio de 2012

Toc, toc. Golpeo la puerta blanquísima que tengo frente a mí, aunque no tengo ni idea de qué esconde tras ella. Toc, toc. Vuelvo a golpear. Esta vez, se abre un poco tras el roce de mis nudillos. La empujo levemente hasta que la apertura me permite ver algo. Rojo. Sólo veo rojo. Siento una mezcla de miedo y curiosidad. Durante unos segundos, ambos sentimientos se enfrentan en mí, pero el último gana la batalla. Entro. Paredes rojas con palabras escritas en ellas. Intento leer alguna y descubro cosas como nombres propios de personas importantes en mi vida, letras de canciones que forman parte de mí e incluso veo alguna que otra imagen de los momentos más significativos que he vivido. Y más puertas. Muchas tienen un cartel que dice "permanente", mientras otras señalan "temporal" o "reservado".


Entro en una de las permanentes. Una sala blanca se abre frente a mí. Las paredes están llenas de fotografías de mis familiares, y algún que otro amigo. Así que estos son los que se van a quedar siempre, pienso. Salgo de la sala, satisfecha con el resultado encontrado y me entra curiosidad por ese gran RESERVADO que me llama desde el fondo del pasillo central. La puerta está cerrada con llave. Aquí debe de haber algo muy importante. Para mi alegría, encuentro la llave a escasos metros. La cojo y la introduzco en la cerradura. Esta sala es mucho, muchísimo más grande. Parece estar dispuesta a llenarse de momentos y de historias, pero por ahora las paredes están vacías. Sin embargo, hay alguien dentro. Sentado de espaldas a mí. ¿Quién eres?, grito. No responde. Ni siquiera parece haberse percatado de mi presencia. Avanzo hacia él, pero su voz me detiene: aún no es el momento. Intento encontrar algo familiar en su voz, pero es inútil, no la reconozco. Estoy preparada, insisto. Pero no puedo avanzar, una fuerza sobrenatural me lo impide. Empiezo a sentir impotencia, mis ojos se llenan de lágrimas y estallo en un llanto inconsolable. Soy consciente de qué es lo que tengo delante, pero el no poder ponerle cara ni nombre, me supera. ¿Sabes? A menudo pensamos que estamos preparados para un gran cambio en nuestras vidas cuando en realidad no es así. Pedimos con tanta fuerza lo que anhelamos, que se nos concede antes de tiempo. Y luego acaba mal. Al recibirlo de manera anticipada no sabemos valorarlo y nos aburre. Nos cansamos y lo desperdiciamos. Por eso es bueno esperar para las cosas verdaderamente importantes. Tú misma no eres capaz de saber cuándo es el momento. Deja que quien maneja todo esto decida por ti, porque lo hará de la mejor manera posible. Disfruta del camino sin centrarte demasiado en la meta y cuando menos lo esperes... llegarás a ella casi sin darte cuenta. 


Y de repente, me despierto. Con un dolor punzante en el lado izquierdo del pecho, como si alguien hubiera invadido el centro de mis sentimientos. Sin saber muy bien qué significa lo que he vivido hace unos minutos, me levanto de la cama con una sonrisa imborrable. Y con la certeza de que nada ni nadie me va a impedir disfrutar de cada paso que dé en mi camino, y, al fin entiendo que, ésa es la verdadera meta. La otra... llegará cuando tenga que llegar.

martes, 26 de junio de 2012

Mírate

"Eres feliz hasta cuando no tienes motivos aparentes. Es difícil hacerte cambiar de opinión, pero no te obcecas con tus pensamientos. Los estudias detenidamente y los mantienes si crees que siguen siendo correctos, y si consideras que estás equivocada... poco a poco vas rectificando.
No existe persona en el mundo que pueda despertar tu lado violento, es más, creo que ni siquiera lo tienes.
Haces simple lo complicado, y posible lo imposible. Eres el esfuerzo y el trabajo hecho persona. Tienes unas metas muy definidas y no pararás hasta llegar a ellas. Eso sí, disfrutando del camino como la que más.
Realmente te apasiona lo que haces. Conozco a pocas personas con una fuerza de voluntad semejante a la tuya. Puedes explicar algo complejo con las palabras más sencillas que existen. Y tu hambre por aprender es insaciable. 
Eres capaz de transformar tus ojos con un leve pestañeo. Unas veces dejas que hablen por ti, y otras los vuelves inescrutables. Y te encanta tener ese poder sobre ti misma.
Sabes medir las palabras exactas para decir cosas realmente duras y seguir siendo adorable.
Nunca pierdes la esperanza, por muchas malas pasadas que te juegue la vida. Crees en ti misma, y, escúchame bien, esa es el arma más poderosa que posees. Cuando crees en ti, no hay nada, ni nadie, que pueda hundirte. Sólo tú tienes ese poder, y cada día lo haces más intransmisible. 
Hay pocas personas que consigan hacerte llorar de felicidad, pero tienes muy claro quiénes son y confío en que nunca las alejarás de ti, porque te hacen la vida más feliz y más fácil.
Es difícil conocerte al 100%, y estoy seguro de que el día que alguien lo consiga... no te dejará escapar jamás. 
Te seré sincero, no sé muy bien cómo he llegado hasta aquí. Yo me encontraba muy lejos de ti y de todo este universo tan tuyo y tan especial, pero empecé a ver una luz azul que parpadeaba y sentí curiosidad. Me quedé ensimismado con ese relampagueo, y pensé que acercándome más vería la luz sin ningún tipo de pausa. Y aquí estoy. Contemplándola cara a cara y dejando que me encandile de pleno para no perderme ni un detalle."

Un día, hace mucho tiempo, alguien me dijo todo esto. Después, desperté y lo perdí.
No consigo recordar sus ojos, ni su sonrisa, ni de qué color era su pelo. Lo único que consigo recordar es cómo me hizo sentir. No recuerdo si me dijo que lo buscara yo, o que el vendría a por mí de nuevo, pero sé que existe. Que está ahí afuera. Y ésto me da fuerzas para despertarme cada día sonriendo y con la certeza de que volveré a verlo. Pero esta vez será en persona, y lo agarraré tan, tan, tan fuerte, que no se irá jamás.

domingo, 24 de junio de 2012

"No hay nada que se pueda hacer cuando algo nos falta, debemos llenar ese vacio... Aunque cuando es el amor lo que nos falta, no hay nada que lo llene de verdad."




Una duda que tengo... ¿dónde se guardan las ganas de enamorarse?

lunes, 18 de junio de 2012

Demasiada seriedad.

Es más de la una de la madrugada y mañana tengo mi último examen del curso. Y además, el más difícil. Tengo un agotamiento mental y físico que cualquiera que se encuentre en un radio de proximidad a mi vida, puede comprobar. Miro ensimismada la pantalla mientras mis apuntes de Derecho Penal me llaman desde el escritorio. Sé que debo acudir a ellos, pero estoy un poco cansada de hacer lo que debo en lugar de lo que quiero, así que esta noche voy a permitirme el lujo de darme unos minutos a mí misma.

Hace días, meses, que prácticamente no me reconozco. Me miro al espejo y no puedo remediar imaginarme con 10 años más, dedicándome a lo que siempre he deseado. Pero no encuentro ni rastro de la que era hasta el verano pasado. De la que lloraba con Operación Triunfo y a la que le bastaban un parque, una bolsa de pipas y una cámara de fotos para pasar una tarde inolvidable.

Creo que me he sumergido en un mundo demasiado serio. Un mundo lleno de delitos, de tecnicismos pedantes y de personas vestidas con traje de chaqueta como uniforme diario. Siempre he sabido que yo quiero esto, pero no sé si aún estoy preparada para dar este salto tan grande.

Me da miedo sentirme durante el resto de mi vida como me he sentido los últimos meses. ¿Cómo? Fría con las personas que más quiero, por el simple hecho de que no ocupan su cabeza con lo mismo que la ocupo yo. Y no es que me muestre fría por desprecio ni nada semejante, sencillamente las tonterías que antes hacíamos juntos ya no me divierten; al igual que no me interesan los temas de conversación tan banales. Porque después de haberme empapado de las miles de maldades e injusticias que nos rodean día a día y escapan a nuestro control... sinceramente no me apetece hablar de si han cerrado no sé qué tienda o si han puesto un Smooy nuevo.

Y me da pena. Me da pena perder para siempre a esa niña alegre y gritona que imponía su ley por encima de todo (¿véis? ya de pequeña apuntaba maneras) y conseguía convencer a sus padres para que la llevaran a un concierto de David Bustamante. Aunque me siga muriendo de ganas de disfrutar de sus directos. Pero ahora ya entiendo que no es algo que necesite como el respirar. Que para necesidades vitales, ya están otras.

Por eso necesito como nunca este verano. Para volver a mi mundo. Al mundo de Mary Mosby, la chica soñadora que no hay día que pierda la esperanza de encontrar a su Ted, y no al de 239****3-G, 1º de grado en Derecho, grupo 5. O al menos, para comprobar si soy capaz de volver. Comprobar si he desaparecido al 100% o me estoy escondiendo en algún recoveco de esta nueva yo que a veces me encanta y otras veces me parece una auténtica desconocida.

Pero para eso, primero debo cumplir mis obligaciones. Así que, con vuestro permiso, mis apuntes me necesitan...

domingo, 10 de junio de 2012

Ten cuidado con lo que pides, porque se puede hacer realidad.

Siento envidia de todo aquel que tenga más de una certeza en su vida. Algo que sabe que quiere sí o sí, y que no hay ni un solo día en que cambie de opinión. Visto así, yo también tengo alguna certeza. Que quiero dedicarme al Derecho. Y poco más. Pero no estoy hablando de certezas de este tipo. Intento comprender cómo estar segura de lo que sientes. Cómo saber que esas mariposas en el estómago no se irán nunca, y que las vas a sentir únicamente por una persona para el resto de tus días.

Os envidio, de verdad que sí. Porque yo aún no he tenido esa suerte. Y cada vez que creo tener las mariposas bajo mi control... alguien me raja el estómago y me las saca a puñados bruscamente, hiriéndome en lo más profundo de mi ser.

Por suerte, siempre logro cerrar la herida y preparar mi estómago para las nuevas inquilinas que no tardan en llegar. Hasta que vuelven a arrebatármelas. Y así sucesivamente.

Hasta que lleguen las definitivas. Las que vengan con entrada VIP y antes de alojarse digan "te informamos que venimos a quedarnos para siempre, que nada ni nadie nos sacará de aquí". Pero me pregunto cómo voy a reconocerlas. Quizá revoloteen de una manera especial. En cualquier caso... estoy lista para recibirlas.


jueves, 7 de junio de 2012

Lunes, 4 de junio del 2012.

Hoy te digo adiós. Con todo el dolor de mi corazón, pero te digo adiós. No hasta pronto, sino adiós. Adiós para siempre. Ambos sabemos que es lo mejor, que es la única manera de no seguir haciéndonos daño. No me guardes rencor por esto, por favor. Sabes tanto como yo que esto lleva muerto demasiado tiempo, y que este momento tenía que llegar.

No creas que para mí es fácil ver por una ventana cómo poco a poco tu figura se va haciendo más pequeña. He tenido que agarrarme al asiento para frenar el impulso de gritarle al conductor que pare el tren, que yo me quedo aquí, contigo. 

Pero a veces, hay que escuchar a la razón antes que al corazón.

Espero que algún día puedas perdonarme. 


Salió el sol.

Es curioso como seis palabras de una persona cualquiera pueden alegrarte el día. Bueno, a decir verdad no es una persona cualquiera. En cualquier caso, era la persona que tenía que decirme esas seis palabras para que en  mi cielo volviera a salir el sol y pudiera tirar el paraguas hacia atrás con todas mis fuerzas. Como aquel día en el que me dieron una de las sorpresas más surrealistas de mi vida.


Era viernes. Octubre o noviembre, ¿qué más da?13:55. Como de costumbre, estaba comiendo sola -asco de horario- mientras veía La ruleta de la suerte. Mi móvil sonó y en la pantalla apareció el nombre de mi mejor amiga (sí, esa que está tan loca que ha decidido irse a estudiar no se qué de diseñar cosas y hacer casas de pájaros a 500 kilómetros de mí). Sorprendida, contesté.


- ¿Sí? ¿Pasa algo?
-¡¡Hola!! Me aburro, han cortado internet en la residencia y no sé que hacer. ¿Te pillo mal?
- Pues estoy terminando de comer y ahora cogeré el autobús para ir a la universid...
- Ah, ¡perfecto! En Madrid hace un día genial. Mi madre me ha dicho que por Cartagena está lloviendo, cógete un paraguas, ¿eh?
- Sí, lo sé...
- Eh, espera. Amanda está llamando a la puerta de mi habitación. Querrá que comamos juntas, ahora te llamo, ¿vale?


Sin dejarme tiempo de contestar, me colgó. Esta chica no es normal. Será por eso que la quiero tanto. 


En fin, recojo la mesa, voy al aseo, me lavo los dientes y mi móvil vuelve a sonar. ¿¿Otra vez?? Sí que se aburre sin internet. Descuelgo...


- ¿Estás ya en la parada? 
- No, sigo en  mi casa, ¿por?
- Nada, hablar. ¿Sabes? Hoy he dibujado blablablabla... (siento no recordar qué habías dibujado)
- ¿En serio? (debió de ser algo raro, porque de verdad me sorprendí). Hazle una foto y me la mandas.
- Vale. Oye, ¿qué haces?
- Acabo de salir de mi casa. Voy de camino a la parada. Espera, voy a abrir el paraguas (click)
- ¡Coooorre que se te escapa el autobús!


Voy a avanzar dos minutos más, porque si no esto se puede alargar mucho.


- ¿Por dónde vas?
- Joder, ¿qué te ha dado hoy? Estás pesadita. ¿Tanto de menos me echas? Aún queda tiempo para vernos, pero tampoco es para tanto...
- Bueno, sí. Oye en serio, ¿cuánto te queda?
- Estoy llegando a la Asamblea. (Añado que mi parada está justo al lado de la Asamblea)

Miro hacia  la Asamblea, instintivamente, para comprobar que, en efecto, estoy llegando. Y veo a una chica con una maleta, con el pelo calado, el móvil en la oreja y mirando en dirección contraria a mí.


- ¡¡Tía, hay una que se parece un montón a ti sentada aquí!! Ja, ja, ja, ¡qué locur...! ESPERA, ¡ERES TÚ!


Y aquí es cuando cuelgo, tiro el paraguas hacia atrás cual loca, dejando que la lluvia me moje... y me tiro a los brazos de ella. No se lo dije en su momento, pero antes de mirarla a la cara después del abrazo, tuve que secarme las lágrimas que querían salir de mis ojos.


- ¡Mierda! Me has jodido la sorpresa, quería decirte que me gustaba tu paraguas de flores, que por cierto, es nuevo, ¿no?


Que me ha jodido la sorpresa, dice. Y sonrío. Sonrío mientras la miro. Un mes sin verte ha sido demasiado, amiga.




En realidad, no sé por qué he acabado contando esto. Mi propósito era hablar de la persona que ha hecho que saliera el sol hoy para mí. Y curiosamente ha salido hace a penas una hora. Pero, en fin, ya os hablaré de la persona en cuestión otro día.

miércoles, 6 de junio de 2012

Hoy hace sol, pero mi cielo está nublado.

No sé si será porque en tres horas y media tengo un examen, vete tú a saber. Quizá influya el hecho de que llevo la misma camiseta que el día que fui a ver a Ángel Martín. O tal vez sea porque mi mejor amiga se encuentra a 500 kilómetros de distancia.  O porque últimamente no tengo a nadie con quien poder pensar en voz alta. Quién sabe. También puede ser porque acabo de salir de la ducha y he escuchado Mío. Ducha y Mío no son buena combinación cuando estás nostálgica -o lo que sea que esté-. Aunque pensándolo mejor... puede que sea porque no paro de explicarle a mi cerebro la diferencia entre recurso de inconstitucionalidad, cuestión de inconstitucionalidad y recurso de amparo. ¿A que está clarísima? Pues nada, él se empeña en mezclar. No, nada de eso. La culpa la tiene Murcia, porque aquí hace fresquito, pero en cuanto me baje del autobús me voy a morir de calor. Y odio el calor. Me gusta el verano por las vacaciones y porque tengo más tiempo para mí, pero no por el calor. Genial, acabo de recordar que este verano voy a tener que estudiar. Ser abogada ya puede ser la profesión más emocionante del mundo, porque si no...

Antes de salir cogeré las gafas de sol. Y el paraguas, por lo que pueda pasar...



martes, 5 de junio de 2012

Cabreada, salgo de la facultad. No me puedo creer que haya hecho el examen de mi asignatura favorita tan rematadamente mal. Rematadamente mal en mi escala es equivalente a un 5 o 6 en nota numérica. Puede parecer una chorrada, pero ese examen me ha herido en el orgullo. Es mi asignatura favorita, joder, y quería sacar buena nota.

"Vamos a tomar algo para celebrarlo", oigo a pocos centímetros de mí. ¿Celebrar el qué?, pienso inmediatamente. Pero me callo. Celebremos simplemente que ya tengo una asignatura más aprobada. Sí, claro, conformémonos con ser mediocres, con estar dentro de la media.


Iba yo con todo este embrollo en la cabeza cuando mi mirada se cruzó con la de un hombre que, sentado en el suelo, tenía a su lado una tarrina de helado vacía a modo de hucha, esperando la generosidad de alguien que se hubiera levantado de la siesta con sentimientos altruístas, o que simplemente volviera de fundir su Visa y que, al comprarse un cucurucho para coronar la tarde, mirara con desdén la calderilla que el joven dependiente que trabaja en la heladería para pagarse la carrera -o al menos eso dice-, y la depositara dentro de su tarrina-vacía/hucha. Echo un vistazo rápido a la tarrina vacía, inconscientemente, para comprobar si este hombre hoy se irá a la cama -o a donde sea que duerma- con algo en el estómago. Pero mi vista se detiene en sus pies. Y digo en sus pies, porque está descalzo. E inmediatamente algo llama más mi atención: no tiene dedos; y al parecer, ha tenido muchos años para acostumbrarse a la ausencia de ellos. No es la primera vez que lo veo, por supuesto que no.

-¿Nos sentamos fuera o dentro?
- Dentro -acierto a decir a tiempo.

Y con los ojos clavados en mi limonada de 2,50€, no logro olvidar la mirada de ese hombre. No me apetece tomarme mi limonada. Es más, quisiera regalársela. No, mejor aún, desearía no habérmela comprado y haberle dado las dos monedas a aquel hombre.

Pero soy cobarde.

Y ya no me siento mediocre, sino afortunada. Afortunada y triste.

domingo, 3 de junio de 2012

Y así es como un sueño empieza a cumplirse.

Si quisiera contar esta historia desde el principio, empezaría a hablaros del 12 de junio del 2011, y de cómo empecé y terminé mi selectividad. Pero voy a ahorrarme detalles innecesarios, porque el verdadero comienzo de este sueño fue exactamente el 14 de septiembre. Una ciudad nueva y prácticamente desconocida se iba a convertir en (por suerte) mi segundo hogar. Y un aula más grande de lo que esperaba y más calurosa de lo que todos necesitamos, más aún.

Me encontraba en medio de mucha, quizá demasiada gente. Todos con una sonrisa en la cara, nerviosos, ansiosos por comenzar este nuevo camino (estoy segura que unos más que otros). Es difícil explicar con palabras lo que se siente los primeros días de clase en la universidad. Es una mezcla entre incredibilidad por el hecho de que ya haya llegado el momento, y miedo de no saber si has elegido el camino correcto. En mi caso, a los pocos días estaba convencidísima de que si es cierto eso de que cada persona nace con un destino escrito, el mío estaba ahí: rodeada de esos profesores, de esos compañeros y de miles de folios.

Pronto descubrí que quizá iba a resultar más complicado de lo que me habían dicho (sí, más aún), y no mucho más tarde empecé a odiarme por haber nacido con la convicción de que servía para el Derecho. Cuanto más me adentraba en mi maravillosa carrera, más miedo me daba y menos entendía lo que estudiaba. Por suerte, pasado el agobio del primer mes, supe que realmente sí que era mi camino, pero que éste no era de rosas.

Quizá uno de los regalos más grandes que no he sabido ver han sido mis profesores. Porque, por mucho que digan, el Derecho Romano puede resultar la cosa más interesante del mundo si tu profesor es J. R. R.; no intentes desconectar en clase, porque es algo prácticamente imposible. Te hace vivirla en primera persona, reírte a más no poder con sus dibujos y sus símiles, y descubres que, al contrario de lo que puedas haber escuchado en boca ajena, Roma está en todas partes y le debemos más de lo que pensamos. En el otro extremo de las clases amenas, quizá podría situar al Derecho Internacional y a E. M. R. (opinión tal vez demasiado personal, pero no puedo decir otra cosa). El desorden tiene nombre propio y yo he tenido la suerte de tenerla de profesora... Aunque, siendo realistas, cambiaría todo mi orden por tener la tercera parte de conocimientos que esta mujer. Hablando de mujeres, he de admitir que desde la primera clase de Derecho Civil con B. A., tengo muy claro que yo de mayor quiero ser como ella. Aunque claro, si de Derecho Civil se trata (ya sea I, II, III o todos los que le venga en gana venir a explicarme)... yo me declaro fan de mi querido M. H. A. Doy gracias a quien hizo que le diera clase al grupo V, porque creo que no puede haber mejor profesor para mí que él; y es que, la mejor fórmula para que logre no pestañear durante una hora y media, es sin duda ponérmelo delante hablando de lo que más me gusta del mundo con su peculiar toque de humor que me encanta. Y otra cosa que me encanta son los profesores que acostumbran a no venir a clase sin avisar, a invitarnos a miles de conferencias aún a sabiendas de que no vamos a ir, y que se porten tan genial en el examen. Sí, por supuesto que estoy hablando de Teoría del Derecho y de nuestra  no-senadora T. V. No hizo falta hacerle contracampaña, pero si hubiera sido necesario, todos habríamos estado de acuerdo (quizá por única vez en todo el curso) sólo para no volver a ver más al protagonista del hastag más famoso de toda la clase (#MiProfeSustitutoDeTeoriaDelDerecho). Sin duda, ella es lo mejor que nos pasó el primer cuatrimestre, porque nos hizo fácil lo difícil. Y en el reverso de esta moneda, hemos comprobado que lo que a priori puede parecer fácil, se vuelve difícil a la primera de cambio: Historia del Derecho. Encontrar la respuesta correcta puede parecer fácil, pero cuando tienes que buscarla en una torre de folios kilométrica... se convierte en toda una hazaña. Aunque para hazañas las de D. P. G. en Derecho Constitucional I. El inconformismo hecho hombre trató de abrir nuestras cabecitas pensantes intercalando clases de teoría con miles de historietas personales a las que no le faltaban risas en modo de aplausos cuando concluían. Anécdotas que no teníamos con su compañero de materia y gran maestro don A. G., que renunció a una plaza en el Tribunal Constitucional por enseñar toda su sabiduría a proyectos de juristas que en la mayoría de ocasiones no supimos valorar lo que teníamos delante. Todo lo contrario que este segundo cuatrimestre, en el que las clases de Derecho Constitucional II se han convertido en una sala de informática en la que todo el mundo atiende y toma apuntes cuando el profesor se ciñe a la materia, pero al mismo tiempo navegan por infinitas páginas web cuando A. M. habla del tema que más le gusta del mundo: el Rey. Y para rey, el profesor de Economía para juristas, que se ha ganado nuestra simpatía haciéndonos creer que somos su clase favorita de entre todas las que ha dado a lo largo se su vida, porque "no me digáis que esto de la Economía no es interesante". Lo que también es interesante sería saber quién tuvo la maravillosa idea de poner Inglés para juristas en 1º de carrera, aunque quizá mereció la pena sólo por conocer al buenazo de M. A., por descubrir que no todos los licenciados en filología inglesa tienen una pronunciación decente gracias a I. A., y por supuesto, aumentar más en nosotros el tópico de los ingleses por medio de nuestra nativa. Pasando de lo inútil a lo útil, he de admitir que nos espera por delante es un gran futuro como juristas si aprovechamos las clases de Derecho Penal con la que dicen que es la profesora más estricta de toda la facultad en su materia. La disciplina, exigencia y elegancia en persona. No hay punto intermedio: o la admiras o la odias... por suerte aún me encuentro dentro del primer grupo. Y para grupos, los colores y las preferencias. Porque estar tirados en un pasillo cuatro horas y media esperando para hacer un examen oral sólo porque al señor magistrado don F. C. R. se le ocurriera dejarnos para los últimos en nuestra primera toma de contacto con el Derecho Procesal.... es algo que vas a llevar contigo debajo de tu toga toda la vida.

Lo mejor de escribir y volver a recordar todo esto, es saber que hay gente que al recordarlo, sonríe tanto como tú. Y, aún mejor es saber que esto no ha hecho más que empezar. Que todavía nos quedan tres (esperemos que sólo tres) largos años más de anécdotas, risas, agobios, peleas y situaciones incómodas juntos. Porque saltarte una clase para ir a estudiar a la biblioteca de la facultad y descubrir que allí hay más compañeros tuyos que en el aula... no tiene precio. Igual que tampoco lo tiene el madrugar para pasar todo el día en Murcia junto a unos compañeros que te van a hacer la contra en todas las ideas que aportes para el trabajo en grupo... pero que finalmente sabes que se van a rendir y te saldrás con la tuya.
Aunque sin duda, el cambio más grande ha sido el de horarios. Aprender a estudiar por las mañanas y dar clase por las tardes es un trabajo complicado. Sobre todo cuando sales de la universidad de estudiar un viernes a las 9 de la noche y te encuentras con un ambientazo de infarto por el centro de Murcia.

Pero, oye... todo esto no son más que gajes del oficio. Gajes que no cambiaría por nada del mundo.
Y así, justamente así, es como empieza a cumplirse un sueño. El sueño de esta pequeña pre-jurista incansable, que insiste en imaginar un mundo más justo, y que luchará todos los días y todas las noches del resto de su vida, para dedicarse a lo que más le gusta del mundo.




* Únicamente aparecen las iniciales de los profesores para su mayor seguridad.

viernes, 25 de mayo de 2012

Y entonces... explotas.

Porque yo no valgo para hacer las cosas altruístamente durante toda mi vida. Porque todos tenemos un límite, y creo sinceramente que estoy llegando al mío en muchos aspectos. Desgraciadamente poca gente hay que se dé cuenta, si es que realmente hay alguien. 
Vivir en una eterna espera de algo que nunca termina de llegar no es nada fácil. Yo creía ser más fuerte que todo esto, pero empiezo a comprobar que no. Que todos necesitamos a alguien que nos ofrezca un hombro de vez en cuando, y nadie es lo suficientemente fuerte como para soportar la inexistencia de esa persona. Al menos no durante tanto tiempo. Porque la teoría es muy bonita, y todos nos la tenemos demasiado bien aprendida; pero cuando llegas a la práctica... ¡ah, amigo! No contabas con lo cuesta arriba que es todo, ¿eh? 

El problema es que empezamos a exponernos al mundo real demasiado tarde. Desde pequeñas nos hablan de la historia con final feliz, del príncipe azul que va a hacer que merezcan la pena el resto de tus días y al que reconoces nada más empezar la película, del vuelco inesperado que hace que todo sea perfecto en el momento indicado. Luego llegas a la vida real y te preguntas dónde están todas esas cosas. Te preguntas si es que tú no eres lo suficiente buena como para que te pase todo eso, que si es que no te lo mereces.  Y te autoconvences a ti misma diciendo que claro que te lo mereces, y que por supuesto que llegará... sólo que ahora no es el momento. Claro, ahora no es el momento. Y decides esperar. Y pasa el tiempo. Y sigues esperando. Entonces te preguntas... ¿cuándo será el momento? 

Porque dicen que, si a pesar de todos los corazones rotos, de todas las desilusiones, de toda la vergüenza pasada, tú sigues manteniendo la esperanza... nada habrá sido en vano. Y quizá tengan razón. Pero eres incapaz de verlo, porque tu orgullo te impide seguir esperando. Algo dentro de ti te dice que tú vales más que todo eso, y que si realmente merece la pena, que te busque él a ti. Porque tú ya estás harta de cambiar de parecer cada dos por tres. Harta de confundirte, de verlo donde no está y de imaginar algo que no existe y que probablemente nunca existirá.

Pero en vez de decir todo esto... Te lo guardas dentro. Te lo tragas y sigues sonriendo. Porque no vas a darle a la vida la satisfacción de descubrir que te está ganando esta partida. No serás tú quien se lo haga saber. Y no por el momento. 

sábado, 12 de mayo de 2012

Sacrificar tu tiempo por lo que más te gusta, no es malo.

Lucho para que, cuando en unos años mire atrás, pueda sentirme orgullosa de mí misma. Como lo estoy haciendo hasta ahora.


jueves, 3 de mayo de 2012

Ganas modo ON

Cuando me quedan exactamente 13 días de clases de primero de carrera, necesito hablar sobre ello. No es que me sobre demasiado tiempo como para estar aquí con reflexiones filosóficas, pero es algo que considero necesario.

En primer lugar, como ya he dicho muchas veces, me siento muy muy afortunada de estar cumpliendo mi sueño. Sé que es algo que no todo el mundo puede permitirse (y menos ahora como están las cosas), y por eso doy gracias a todos los que lo hacen posible. He aprendido a valerme por mí misma, a ser un poco más independiente y a ser consciente de que llegar a donde me propongo sólo depende de mí. De mis ganas, mi fuerza de voluntad y mi trabajo. Y me encanta.

Lo único que puedo decir ahora mismo es que, cuando no encuentro las ganas, es suficiente echar un vistazo atrás, al curso pasado. Recordar todo el esfuerzo del que precisé para llegar hasta aquí y saber que no fue en vano. Que estoy donde siempre he querido. Éso me da fuerzas. Me da muchas fuerzas para seguir adelante, para seguir esforzándome con todas mis ganas y con todo mi corazón. Porque cuando haces algo de corazón, no sólo cuesta menos, si no que, además, la recompensa es mayor.

El curso ha pasado muy rápido. Lo he disfrutado lo mejor que he podido y sabido. En menos de tres semanas, estaré jugándome todo un cuatrimestre en seis exámenes. Y ahora es cuando realmente tengo que apretar. Demostrar que valgo para esto. Y lo voy a hacer, por supuesto que lo voy a hacer.

A pesar de que este será mi primer verano en el que tenga que estudiar (de momento sólo una asignatura, de momento), no me importa. ¿Sabéis por qué? Porque así lo he elegido. Y no, no me arrepiento.

domingo, 15 de abril de 2012

Vuelvo a sonreír, al veros vivir

A menudo, cometemos el gran fallo de idealizar a las personas y nuestra relación con ellas. Pensamos que van a estar siempre, que por muchos años y por muchas circunstancias que nos separen de lo que fuimos algún día... en realidad siempre seguiremos siendo los de entonces. Y ahí está la gran mentira. No puedes forzar algo que no sale por sí solo. Y es triste, claro que sí. Es muy triste ver cómo personas que lo fueron todo, ahora se han convertido en menos que nada. Ver cómo por mucho que te esfuerces por mantener el contacto, la amistad ha dicho "basta" y todo ha llegado a su fin. Desde ese momento, lo único a lo que podemos aferrarnos es a innumerables recuerdos felices... y sonreír al recordarlos. 
Porque el final no tiene que ser malo. Porque puede que, simplemente, esas personas hayan cerrado un ciclo en tu vida. Quizás han tenido que salir para dejar paso a otros. Pero, al fin y al cabo, y de una manera u otra, son un pedacito de ti. Eres lo que eres gracias a cada uno de ellos, y eso es algo que no debemos olvidar jamás. 
Por eso, nunca, nunca me olvidaré de los que me habéis acompañado en este camino. Tanto los que habéis avanzado conmigo pequeños pasitos, como aquellos que han estado a mi lado durante años, haciéndome ganar años de vida con cada carcajada.


Y luego... luego están los que siempre han estado ahí. Los que no se van ni con agua caliente, y ni ganas tengo de que se vayan. Los que me conocen mejor que yo misma. Ésos que dicen que se pueden contar con los dedos. Afortunadamente, yo creo que a mí me faltan dedos para contar a estas personas.
Tampoco puedo olvidarme de los que llevan ahí muchísimo tiempo, pero que hasta hace relativamente poco no me han calado. Ésos, que me están ganando tan poquito a poco que a penas me doy cuenta. Y que quizá ellos ni sean conscientes. Pues sabedlo, daos por aludidos si estáis leyendo esto.


Lo voy a decir: me hacéis muy feliz, hacéis que me acuerde siempre de lo bueno. Tirando de mí, sabiendo elegir la mejor manera de contarme el cuento.

lunes, 9 de abril de 2012

 

 

Quizás simplemente se trate de estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado.
 
Nos pasamos la vida esperando a que nuestros sueños ideales se conviertan en realidad, sin darnos cuenta de que quizá nunca lleguen. Que desear una cosa con todas tus fuerzas no es suficiente para que se cumpla. Que si tiene que ocurrir, ocurrirá. Pero no cuando tú quieras, sino cuando tenga que ocurrir.
 
Tal vez, a veces, sólo sea necesario dejar de esperarlo para que ocurra...

domingo, 1 de abril de 2012

Querida Cartagena.

Hace unos días, salí a pasear por Cartagena al atardecer. La encontré rara. Tiendas nuevas y otras cerradas.

Vale que soy poco observadora, pero esta vez no se debía a mi despiste. Llevaba mucho tiempo sin salir por mi ciudad. Más del que me gustaría.

Jamás pensé que diría esto (y menos yendo y viniendo todos los días en bus), pero ahora vivo más en Murcia. Puede que no pase más horas ahí que aquí, pero estoy activa durante más tiempo a lo largo del día. Y no me gusta. Supongo que es el precio a pagar si quiero estudiar una carrera que no está en mi ciudad. Pero eso no hace que deje de plantearme demasiadas cosas.

Pero, en fin, tengo dos semanas para disfrutar aquí, con los míos. Catorce días sin pisar Murcia. Catorce días en mi ciudad portuaria. Días de estudio intensivo si quiero mejorar este segundo cuatrimestre, sí.

Pero mientras esté concentrada con mis apuntes/libros de lo que sea, cerraré los ojos y pensaré que tengo la brisa del mar a unos metros de mí. Y eso no es algo que pueda decir un día normal. El que no se consuela es porque no quiere.

viernes, 30 de marzo de 2012

Imprescindible como el aire para respirar.

Si tuviera que elegir una etapa de mi vida, sin duda me quedaría con los meses que han transcurrido desde junio del año pasado hasta ahora. Jamás pensé que el cambio sería tan grande, y a mejor. Tenía miedo de lo que me esperaba en esta nueva etapa de mi vida, pero hoy puedo decir a los cuatro vientos que soy inmensamente feliz. 

No puedo imaginar una vida mejor para mí. No concibo mis días sin la rutina a la que ya le he cogido tantísimo cariño. Me es complicado asimilar que, en algún momento de mi vida, tiempo atrás, pudiera tener duda alguna de si ésta era realmente la vida que quería tener. Hoy puedo decir que sí. Que quiero dedicar mi vida a esto. A pesar de los miles de consejos veteranos que reciba sobre el poco tiempo que voy a tener para mí misma cuando todo esto llegue a su fin. Porque quizá, lo que quiero es vivir por y para ésto.

Tampoco puedo imaginar mejores compañeros de viaje que los que tengo. Personas con las que puedo compartir no sólo lo típico, sino también temas personales. Personas que se están convirtiendo poco a poco en grandes amigos. Y con los que quiero seguir compartiendo mis días durante muchos años más.

Lo único que me sale son palabras de agradecimiento para las personas que están haciendo posible que mi sueño se esté convirtiendo en realidad. Siempre supe que jamás me arrepentiría de tomar esta decisión tan importante. Y tengo la intención de disfrutar el camino al máximo. Hasta el final.

martes, 27 de marzo de 2012

A veces, la vida nos juega malas pasadas. Acontecimientos que no esperábamos y que hacen que nos derrumbemos en cuestión de segundos. En ese momento lo único que quieres es entender el porqué, arreglarlo cuanto antes y fingir que nunca ocurrió.
Sin embargo, con el paso del tiempo, encuentras el sentido a todo. Entiendes que todo en la vida tiene su motivo, y que siempre es positivo para las personas a las que afecta. Puede que tarde meses, o incluso años en llegar, pero siempre acabas por comprenderlo.

No temas los malos momentos de hoy, porque serán los regalos de mañana.

domingo, 18 de marzo de 2012

Hoy la ilusión brilla por su ausencia

Sentirse completamente vacía por dentro. ¿Alguna vez lo habéis experimentado? Yo sí, ahora mismo.
Nada me llena. Ni siquiera pensar en lo único que me ilusiona y llena mis días desde septiembre. Ni siquiera idealizar el futuro para tener más ganas de aprender día a día de mi carrera. Ni siquiera evadirme de lo que me rodea encerrándome en el universo paralelo de mis libros y apuntes. Ni siquiera transportarme a un mundo imaginario y ponerme en la piel del protagonista de cualquiera de los libros que adornan mis estanterías.
Ni pensar que tengo a mi lado a gente que confía en mí, que me quiere, y que no me va a dejar caer sola jamás. Y, mucho menos, intentar ponerle cara a mi príncipe azul e imaginar cuándo y cómo lo conoceré.

Pero tranquilos, sólo es una mala racha, un mal día. Mañana todo volverá a la normalidad... A la apasionante y rutinaria normalidad en la que lucho a diario para convertirme en la persona que quiero ser.

domingo, 4 de marzo de 2012

Vale la pena



El destino es demasiado caprichoso. Parece que está esperando el momento exacto en el que dejes de desear algo, para querer dártelo. O para confundirte más aún. Así se las gasta.

Cuando ya estabas decidida a aparcar los sentimientos durante el tiempo que fuera necesario y a centrarte en lo que en esos momentos considerabas lo verdaderamente importante, ocurre algo inesperado que pone todo tu mundo patas arriba. Entonces, te mueres de ganas de recuperar lo que habías aparcado hace tal vez demasiado poco. Y vuelve la magia. Tus ojos tienen un brillo especial difícil de disimular, y los que están a tu alrededor lo notan. 

Y vuelves a encontrarte con la misma sonrisa que hace exactamente dos meses te quitó el sueño durante todas las noches que fuiste capaz de recordarla. Pero esta vez es diferente. Te sientes privilegiada porque esa sonrisa no es robada, y mucho menos es casual. Esta vez ha sido él quien ha querido regalartela libremente, sin ninguna condición.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Vuelvo a oír tu voz diciendo "aquí estoy yo"...

y me salvas.


jueves, 2 de febrero de 2012

Renovarse o morir.

Es bonito eso de estar para todo el mundo, bonito a la vez que gratificante. Saber que tus amigos cuentan contigo cuando necesitan que alguien los escuche o les dé consejo, puede ayudar a sentirte autorealizado personalmente. 

El problema aparece cuando eres tú quien necesita de esos amigos. Cuando echas en falta un hombro en el que llorar, o una mano que te ayude a levantarte de las caídas. Miras al rededor y hay muchísima gente, pero al mismo tiempo sientes que lo único que ves son sombras independientes, que no tienen el más mínimo interés en formar parte de tu vida de una manera plena, y mucho menos en ayudarte a buscar soluciones (porque las necesitas).
Y entonces... Te das cuenta. Descubres que, ya que todos se limitan a observar su ombligo sin tener en cuenta los sentimientos de los demás, quizás ha llegado la hora de que tú hagas lo mismo. Que dejes de ser menos tonta, y empieces a pensar más en ti misma. Y en quien merezca la pena.

Entonces, y sólo entonces... es posible que sea cuando verdaderamente descubras quién está contigo sin que sea necesario pedirlo, y quién nunca estuvo, a pesar de sus intentos de aparentar que les importas lo más mínimo.


domingo, 22 de enero de 2012

Caminante, no hay camino. Se hace camino al andar...

Yo he decidido seguir mi camino, el que me marca mi voz interior. Por muchos obstáculos que encuentre por el camino, por muchas personas que se empeñen en hacérmelo más difícil e insistan en que no lo conseguiré. Sin prisa, pero sin pausa. Por muy tópico que suene. Haciendo frente a quienquiera que intente impedírmelo. Y... pasando por alto la incertidumbre de qué es lo que me espera al final de este largo recorrido. Porque si piensas en el final, disfrutas menos el proceso de avanzar. Como cuando estás leyendo un libro y la intriga es más fuerte que tú y te lees el final casi sin poder evitarlo. Sonríes al saberlo, sí. Pero cuando después retomas la lectura con esa gran sonrisa en tu rostro, lo disfrutas menos, porque entiendes cada pequeño detalle con un doble sentido que pueda estar relacionado con el final, y la magia de ir avanzando... se pierde.
La vida es mejor tomársela poco a poco, disfrutando de cada página y convenciéndote a ti mismo de que estás haciendo lo correcto. 
El final siempre será feliz. Y si no es feliz, es porque no es el final.

"Los que marchan muy lentamente, siguen el camino recto, pueden avanzar mucho más que los corren por senda extraviada."

"Dos cosas contribuyen a avanzar: ir más deprisa que los otros o ir por el buen camino."

domingo, 8 de enero de 2012

Yo solía tener vida... hasta que decidí estudiar Derecho.

Y os preguntaréis... ¿y por qué lo estudias?  
Aquí tenéis una lista de razones válidas universalmente...

- porque puedo ver un contrato bilateral donde tú sólo ves que compras golosinas.
- porque no conocía a la gente que se paseaba con tacones por la biblioteca.
- porque sin los codos no tendría sentido la anatomía humana.
- porque la vida son dos días y a mi me sobraba uno.
- porque creí que Derecho no era de números... ¡y cuánto artículo!
- porque quiero ser como Garzón para procesar a Darth Vader por genocidio.
- porque no sabía que había Civil I, II, III, IV... que tiene más episodios que Star Wars.
- porque siempre quise saber la diferencia entre homicidio y asesinato.
- porque por más que miro la frase anterior sigo sin tenerlo claro.
- porque siempre quise perseguir a mis abejas por fundo ajeno (art. 612 Cc).
- porque era joven e inexperto/a.
- porque es mejor ser personas con capacidad jurídica y de obrar, que ser mayores de edad.
- porque puedo ver un contrato de prenda donde tú sólo ves una moneda para usar el carro del supermercado.
- porque no hay abril sin Civil, verano sin Romano, ni periodo estival sin Constitucional.
- porque dudaba entre esto y la legión y me dan miedo las cabras.
- porque de algo hay que morir y como no fumo...
- porque me molaba eso del "protesto señoría"... no sabía que en España eso ya no existe.
- porque siempre quise saber que les pasaría a mis vacas si me divorciaba (1350 Cc).
- porque dormir más es vivir menos.
- porque fue una revelación y me sabía mal no hacerle caso.
- porque quería tener batallitas que contarle a mis nietos.
- porque soy masoquista y el látigo ya me aburría.
- porque mi madre quiere que sea notario/a.
- porque yo lo valgo.
- porque yo controlaré tu mundo.

- porque me encanta cenar viendo un bonito amanecer.
- porque me encanta eso de "esto lo damos por sabido, pero es materia de examen".
- porque yo también tuve un amigo que me dijo "ya sé quien me sacará de los lios".
- porque le respondí "mejor no te metas en lios, que cobraré a 3000€ la hora"
- porque me mola estar horas y horas estudiando jurisprudencia romana.
- porque quiero conocer la manera de eludir las leyes anti-botellón.
- porque quería mejorar mi vocabulario pedante.
- porque las pobres librerías no podrían sobrevivir sin nosotros.
- porque después sabré derecho, historia, política, ética... y en el diploma sólo vendrá una.
- porque... ¿por qué no?
- porque me van las preguntas tipo test multirrespuesta, restando por fallos.
- porque el saber no ocupa lugar, y me gusta tener información inútil en mi cabeza.
- porque me gusta que me pregunten ¿conoces a Fulanito, que estudia derecho?
- porque todos los de la frase anterior no saben que hay mínimo 8 grupos por curso.
- porque si ZP y Rajoy pudieron, nosotros podemos.
- porque yo nunca diré "Fulanito", pudiendo utilizar Ticio, Cayo o Sempronio.
- porque una vez leí que mueres a las 72 horas sin dormir… y necesitaba comprobarlo.
- porque estudiar (a fondo) 1000 folios en dos semanas, es coser y cantar.
- porque en el tiempo que he tardado en escribir esto, podría haber estudiado 2 temas de Derecho Civil

-Y PORQUE ADORO MI CARRERA!

martes, 3 de enero de 2012

Y de repente... apareces tú.

Cuando una vez más estaba a punto de caer, cuando mi nueva ilusión se había quitado la máscara y me había mostrado su verdadera cara... Ahí estabas tú. Una vez más. Haciéndome el golpe menos doloroso sin siquiera saberlo. Y yo tampoco me quería dar cuenta, pero ahora empiezo a abrir los ojos. Quizá no fuera casualiad. Quizá el hecho de que me sujetaras incoscientemente cuando más lo necesitaba... sea una señal. Sólo que no quería verla. Me negaba a verla. Pero ya no quiero negarlo más. No quiero reprimir mis sentimientos, por pequeños que sean de momento

Porque a lo mejor no fue coincicencia conocerte justo en esas circunstancias. Es posible que alguien así lo quisiera. Y yo... no quería verlo. Me limitaba a verte como una diversión. Tal vez tampoco fuera casualidad que me armara de valor y me decidiera a conocerte...

Lo cierto es que ahora mismo daría lo que fuera por volver a esos días de verano. Y quizá no cambiaría las cosas. Quizá dejaría que todo volviera a ocurrir de la misma manera. Paso a paso. No quitaría ni un sólo mal rato, ni una sola caída, ni una sola mirada.

Es curioso como una mirada puede poner tu mundo patas arriba, intentar disimularlo, querer seguir con tu vida como si nada...Y cuatro meses más tarde, al ver esa misma mirada acompañada de una sonrisa... no tengas más remedio que rendirte. Y querer cambiar el rumbo de tu vida. Para encaminarla hacia él.