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martes, 3 de enero de 2012

Y de repente... apareces tú.

Cuando una vez más estaba a punto de caer, cuando mi nueva ilusión se había quitado la máscara y me había mostrado su verdadera cara... Ahí estabas tú. Una vez más. Haciéndome el golpe menos doloroso sin siquiera saberlo. Y yo tampoco me quería dar cuenta, pero ahora empiezo a abrir los ojos. Quizá no fuera casualiad. Quizá el hecho de que me sujetaras incoscientemente cuando más lo necesitaba... sea una señal. Sólo que no quería verla. Me negaba a verla. Pero ya no quiero negarlo más. No quiero reprimir mis sentimientos, por pequeños que sean de momento

Porque a lo mejor no fue coincicencia conocerte justo en esas circunstancias. Es posible que alguien así lo quisiera. Y yo... no quería verlo. Me limitaba a verte como una diversión. Tal vez tampoco fuera casualidad que me armara de valor y me decidiera a conocerte...

Lo cierto es que ahora mismo daría lo que fuera por volver a esos días de verano. Y quizá no cambiaría las cosas. Quizá dejaría que todo volviera a ocurrir de la misma manera. Paso a paso. No quitaría ni un sólo mal rato, ni una sola caída, ni una sola mirada.

Es curioso como una mirada puede poner tu mundo patas arriba, intentar disimularlo, querer seguir con tu vida como si nada...Y cuatro meses más tarde, al ver esa misma mirada acompañada de una sonrisa... no tengas más remedio que rendirte. Y querer cambiar el rumbo de tu vida. Para encaminarla hacia él.

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