Sígueme si quieres, pero recuerda que yo tampoco sé el camino...

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sábado, 13 de noviembre de 2010

¿Sabes esa sensación que te viene sin que puedas controlarla y sin que te des cuenta? Sí, hablo de cuando no tienes ganas de nada, de cuando son muy pocas las personas capaces de sacarte una sonrisa. Sólo te apetece encerrarte contigo misma en un cuarto y no salir en mucho tiempo.
Cada persona intenta calmar esa sensación como mejor puede. Bien, pues ésta es la mía. Sentir cómo mis dedos se deslizan por el teclado haciendo un ruidito encantador al pulsar las teclas. Eso me tranquiliza. Sí, y mucho. Porque no hay nada que me apetezca más ahora mismo que estar escribiendo esto. Aun sabiendo que, con suerte, sólamente una o dos personas leerán...

Me da igual. No sabéis lo bien que me estoy empezando a sentir ahora mismo mientras escribo.
Porque, aunque hay gente que siempre está ahí, a veces no te apetece ni contar con ellos para desahogarte. Hay cosas que es mejor no contar, ni siquiera admitir que existen. Quizá porque así pensamos que podemos fingir que lo sentimos y que nos está haciendo daño.

martes, 2 de noviembre de 2010

Ella.

Querido diario:

Hoy, estoy feliz. Una de las personas más importantes de mi vida cumple años. Ella sabe de sobra lo especial que es, pero nunca está de más recordarlo. Si pienso en ella, sólo me sale sonreír. He intentado apartarla de mi vida en algunas ocasiones (¿para qué engañarnos?) pero te aseguro que me arrepiento muchísimo. Porque ahora sé el daño que le hice, y el daño que me hice a mí misma. La amistad no se puede elegir, no es algo opcional, es un sentimiento espontáneo que surge de la nada. Y, si hay algo de lo que estoy segura, es de que la amistad de verdad no puedes encerrarla en un cajón, que por muy lejos que la mandes, siempre vuelve como un boomerang... y que no existe ninguna persona en el mundo que se merezca romper una amistad así.
¿Sabes? Intenté recordar un sólo momento feliz de mi vida en el que ella no estuviera presente, pero me costó mucho darme cuenta de que no lo hay. Quizá no sea capaz de aguantar un concierto de mi cantante favorito, pero ya se ocupa de hacerse de notar en ese día tan especial para mí. No es un reproche, ni mucho menos. Tenemos nuestras diferencias, claro que sí. Ella suele decir que quizá por eso nos llevamos tan bien, porque nos complementamos. Quién sabe.

Si alguien me hubiera dicho cuando la conocí en lo que se iba a convertir... no me lo hubiese creído. En mi mejor amiga, nada menos.

Nos queda mucho por vivir, pero en lo que ya llevamos de camino juntas hemos crecido como personas. Ya no somos las mismas niñas de 14 años que un día se reencontraron y decidieron intentar ser amigas. Hemos aprendido a saber cuándo podemos volver a comportarnos como esas niñas y cuándo no. Hemos intentado llevar el día a día lo mejor posible, haciéndonos un futuro ideal que seguramente poco tendrá que ver con el real. Planeando miles de cosas... juntas. ¿Lo mejor de todo esto? Saber que no hemos recorrido ni la décima parte del camino que nos espera juntas. O quizás no... el futuro es muy incierto, y después de este fin de semana lo sabemos mejor que nunca (¿eh?). Pero por eso mismo quiero disfrutar de ella hoy. Porque aunque me encantaría pasar con ella el resto de mis días, no puedo estar segura de que así sea.
Yo sólo sé que hoy, 7 de noviembre de 2010 no sé lo que sería de mí si ella no estuviera en mi vida. Es su cumpleaños, y ella es la que debe recibir regalos, pero despertarme con ella al lado hoy, ha sido todo un regalo para mí. ¿Nos peleamos? Pues claro. Como las que más. Pero ya nos encargamos de solucionarlo. Porque no aguanto ni 5 minutos enfadada con ella...
Porque, querido diario, si la pierdo... si la pierdo me importaría una mierda que mi equipo descendiera a 3ª regional, que DB se quedara sin voz para el resto de su vida o que nunca pueda llegar a trabajar de lo que siempre he soñado. Porque ella es la lucecita que me muestra el camino en mis días más oscuros. Que la quiero, que la quiero, que la quiero.

Te preguntarás por qué escribo esto en tercera persona dirigiéndome a un diario hipotético. Pues bien, la respuesta no la sé ni yo. Quizás porque si intento dirigirme a ti no me salen las palabras... porque aunque es rotundamente imposible definir un sentimiento así, espero que mis palabras hayan servido concierciarte un poco de lo que eres para mí.
porque, el regalo más grande...
... es lo nuestro para siempre.


Me miro al espejo y me cuesta reconocerme. ¿Qué ha sido de aquella niña soñadora que creía en los príncipes azules, en la magia y en que los sueños se pueden hacer realidad? Quizá esa niña no se haya ido, simplemente ha cambiado. Porque con el paso de los años, te vas dando cuenta de que por mucho que quieras, los sueños no se cumplen; que no basta desear una cosa desesperadamente para que se haga realidad. Tardas mucho en darte cuenta, desgraciadamente, pero cuando lo descubres... es maravilloso. Porque ya no esperas que pase algo concreto en tu vida, al contrario: vives expectante esperando a ver qué pasará.
Como en un libro de esos que enganchan desde el principio y estás deseando llegar a la última página para saber cómo acaba. Yo he decidido leerme el libro con calma. Y, sobre todo, disfrutando cada página.

lunes, 1 de noviembre de 2010


No dejes que todo te afecte y sonríe; sobre todo SONRÍE. Merece la pena empezar de cero, porque cuando menos te lo esperes... llegará.