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domingo, 26 de agosto de 2012

Nunca fuimos nada, pero siempre tuvimos algo (especial).


martes, 21 de agosto de 2012

Agosto.

Todos los agostos son especiales. Para mí, claro. Quizás influya bastante el hecho de que cumpla años. O de que tenga más tiempo libre (hasta este año). Lo curioso es que todos los agostos he tenido a alguien en quien pensar. Obviamente el que más recuerdo es el anterior. De hecho, tal día como hoy, estaba conociéndole. Disfrutando con encontrarme con sus miradas furtivas en cada ciudad nueva que pisábamos. Y un año después, y a pesar de todo lo que ha pasado, no me arrepiento de haberlo intentado. Es más, no me arrepiento de ninguna de las veces que lo he intentado, aunque haya salido mal. Porque de todo se aprende en esta vida, y yo soy una persona a la que le gusta muchísimo aprender. De cada error se saca una lección, y de cada mala experiencia, una bonita historia que contar. Y a veces incluso una amistad para siempre.

Pero este agosto es diferente. Este agosto no tengo demasiado tiempo para pensar en lo de siempre. Dedico todo mi tiempo y toda mi mente a estudiar lo que más me gusta del mundo, lo que siempre he soñado y a lo que quiero dedicar mi vida. Y no me arrepiento jamás. Tengo la certeza de que he tomado la mejor decisión de mi vida, y estoy segura de que obtendré mi recompensa. Y valdrá más que todas las historias bonitas y todas las lecciones que he aprendido todos los agostos anteriores.


domingo, 12 de agosto de 2012

Creo en los milagros.

Si te hubiera conocido en otro sitio, quizás ya me habría rendido. Si nos hubiéramos conocido de otra forma, probablemente hace bastante tiempo que habría dejado de intentarlo. Incluso si no hubiéramos compartido los momentos que hemos compartido justo en el día apropiado, tal vez nunca habría llegado a esperanzarme.

Pero la vida es así de caprichosa. Tú y yo somos tú y yo. Nos conocimos porque alguien así lo quiso. Y no puedo obviar todo eso. Soy de esa clase de personas que no creen en la casualidad, de las que intentan encontrarle un porqué a todo. Veo señales por todas partes (en ocasiones incluso donde no las hay), y tú estás lleno de ellas. 

Ahora que lo pienso, creo que siempre hubo algo que me guiaba hacía ti, pero lo veía tan lejano, tan tenebroso, tan perfecto... que me daba miedo y optaba por ignorarlo. 

Pero ese futuro tan inalcanzable empieza a hacerse presente. Veo un rayito de esperanza al que me aferro con todas mis fuerzas porque no quiero perderlo. No quiero que esto se convierta en otra historia inacabada sin final feliz. Y dentro de mí algo me dice que no será así. Por eso seguiré...

No he dejado de intentarlo,
porque creo en los milagos.

martes, 7 de agosto de 2012

- Pide un deseo.

Cierras los ojos bien fuerte y obedeces. Lo tienes. Sonríes. Abres los ojos y soplas las velas que tienes delante de ti. 

Y así cada año. Pensándolo en frío, puede parece una chorrada creer que un día al año pueda hacerse realidad aquello que deseas con todas tus fuerzas si lo retienes en tu mente unos segundos antes de soplar unas velas. Pero es un día especial. Es tu día. Es el día en el que nadie te lleva la contraria. En el que todas las personas para las que significas algo, intentan pasar un rato contigo, o al menos hablar durante unos minutos para hacerte ver que se acuerdan de ti. Es el día en el que celebras un año más en este mundo (aunque a veces piensas en si realmente hay algún motivo para celebrar cosas así). 

Es tu día, y nadie te va a quitar la ilusión de pensar que todo es posible. Y de que quizá este año sí se haga realidad. Porque puede que las estrellas fugaces no sean eficaces, pero lo deseos de cumpleaños tienen una magia especial que te dice que todo es posible. Quién sabe.

Yo de momento ya tengo mi deseo preparado para cuando tenga unas velas a pocos centímetros de mí dentro de 9 días. Te voy a pedir a ti. Una vez más.