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domingo, 7 de octubre de 2012

Un simple cruce de miradas que te deja sin aliento.

Un día cualquiera, una calle cualquiera, a una hora cualquiera. De repente alguien se cruza en tu camino. Literalmente. Y cruzáis las miradas durante unos segundos que podrían haber sido horas. Y ya está. Cada uno sigue por su camino. Dejando atrás un instante difícil de borrar de la memoria; al menos de la tuya. 

Y pasan las horas, y sigues pensando en esa mirada. Es como si te hubiera hipnotizado y no pudieras dejar de recordarla. Días más tarde, quizá no la ves con la misma intensidad, pero no puedes olvidar lo que esa mirada te hizo sentir. Algo casi imposible de explicar. 

El lugar adecuado. En el momento adecuado. La no-casualidad de la que tanto habla la gente. ¿Y si...?

Pronto volveremos a cruzar las miradas, piensas; sólo espero que tú también te acuerdes de mí. 

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