Sígueme si quieres, pero recuerda que yo tampoco sé el camino...

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miércoles, 27 de abril de 2011

Recta final.

Recuerdo cuando, hace a penas unos años, pensaba en cómo sería mi último mes de instituto. Las últimas clases, las últimas veces que pisaba ese suelo al que tanto me ha costado acostumbrarme. Porque fue muy duro cambiar de colegio, cambiar las caras que veía diariamente, conocer gente nueva y perder (aunque no del todo) el contacto con los que durante 10 años han sido mis compañeros. Pero, hoy en día no me arrepiento. Tenía que suceder así. He conocido a personas maravillosas, aunque debo admitir que a veces me canso de alguna de ellas. Profesores fantásticos (Dios me libre de resultar pedante o pelota) que me han ayudado a saber cuál será mi camino. Y ahora, es la hora. A penas me quedan 10 días de clase y después... después todo acabará. Llegará la temida Selectividad, a la que tengo miedo desde que soy consciente de lo importante que es. Y, por supuesto, llegará la Universidad. A pesar de tener unas ganas enormes de empezar a estudiar lo que realmente me gusta, mentiría si ocultara que estoy asustada. Me da miedo volver a cambiar de compañeros, pasillos, profesores y, sobre todo, dificultad. Estos dos años me han servido para madurar personalmente y saber enfrentarme por mí misma a mis problemas, pero el miedo siempre está ahí. 
Todo va a cambiar. Pasaré a un escalón superior en el que no te conocen por tu nombre y apellidos y donde no te van a ayudar con unas décimas si caes simpático. Un lugar donde tienes que valerte por ti mismo desde el principio, hasta el final. Soy consciente de que mi elección es dura, que me va a costar horas y horas delante de un libro, hincando los codos. Pero, como siempre digo: a mí es que me gustan los retos.

sábado, 23 de abril de 2011

Feliz cumple.

23 de abril. Hoy, una persona muy especial cumple años. Quizá él nunca llegue a entender lo especial que es... pero yo puedo asegurarlo. A día de hoy puedo decir con total certeza que es una de las personas más importanes en mi vida, de esas para las que vas a estar siempre cuando te necesiten, de las que se pueden contar con los dedos de una mano. Porque por mucho que me pique, por mucho que se haga de rogar para quedar, por mucho que no me conteste los sms... es imposible no quererlo al verlo mientras se ríe, y sobre todo, al ver su sonrisa. Esa sonrisa tan tonta que me ha quitado el mal humor tantos días... Y esque por más que lo intento, no puedo cabrearme con él. No sé que tendrá, pero cada vez que lo intento, al rato me rindo y vuelvo a mostrarle la mejor de mis sonrisas, esa que sólo unos pocos saben sacarme. Y esa que, pido a Dios todos los días, que no me falte nunca, que siga disfrutando de ella (y de él) durante mucho más tiempo.
Poco más puedo añadir... en ocasiones como esta, creo que sobran las palabras. Simplemente, felicidades. Y recuerda que, pase lo que pase, cualquier día, a cualquier hora... aquí estoy, donde siempre.


Te quiero, y no sabes cuánto...

viernes, 22 de abril de 2011

Me encanta la hora de irme a dormir. No porque me guste dormir, que también. Sino porque cuando estoy en mi cama, me imagino lo perfecto que sería todo si nuestra relación cambiara un poco. Si cada vez que nos vemos, en vez de saludarnos con una sonrisa y dos besos, me abrazaras para no soltarme en un rato, aunque el resto de la gente nos mire. Si cuando estamos juntos, me sorprendieras de vez en cuando con un beso y un te quiero. Si cada noche me acompañaras a mi casa, y a la media hora me despertara una llamada perdida tuya y yo durmiera tranquila sabiendo que has llegado bien. Que los domingos vinieras a casa a comer, viéramos juntos una peli, te acompañara hasta el portón, y nos despidieramos hasta el día siguiente. Y despertarme los lunes con energía, deseando llegar temprano al instituto para coincidir contigo 5 minutos en la puerta, mientras te fumas tu primer cigarro del día, muy a mi pesar. En cada cambio de clase, mirar a mi puerta y encontrar tu cabeza asomada por el cristal que siempre rompen por mucho que lo arreglen. O subir las escaleras tan rápido que me diera patadas en el culo. Llegar hasta tu puerta, mirarte desde lejos, y observar tu sonrisa una vez que me descubras. Escaparme contigo la media hora del recreo a un rincón donde nadie nos moleste, donde sólo estemos los dos. Y respirar profundamente a las 2 de la tarde, a la salida. Encontrarte en la puerta del instituto fumándote otro cigarro, y que me tires el humo a la cara justo antes de derretirme con un beso suplicando perdón, porque sabes que lo odio, pero me encanta que lo hagas. Acompañarte hasta la parada del autobús, esperar a que llegue, despedirte con un te quiero y un "llámame luego" innecesario, pues lo harás igualmente. Que interrumpieras mi media horita de Dani Mateo diaria en SLQH con tu llamada y "echarte la bronca" por ello, pero que no dejes de hacerlo en toda la semana. Que cuando pasearamos por la calle, intentaras ponerme celosa mirando a otras y en seguida me quitaras todas las dudas con una de esas miradas tuyas que me dejan sin aliento. Y que todo esto se convirtiera en rutina. En una adorable y encantadora rutina.
Pero, por desgracia... los sueños no se cumplen. Aunque los sueñes con los ojos abiertos.

jueves, 7 de abril de 2011

Podría pasar horas mirándote a los ojos y no cansarme jamás. Me gusta ver mi reflejo en ellos. Para cualquier persona pueden parecer unos ojos normales, pero para mí... son los más bonitos que he visto nunca. Me niego a pensar a que todo esto no vaya a llegar a más. No me cabe en la cabeza que todo esto que siento no sirva para nada, tiene que acabar bien. Y no quiero un final feliz, simplemente porque quiero que no acabe nunca...

Que si amar es un error,
quiero equivocarme el resto de mi vida.