Sígueme si quieres, pero recuerda que yo tampoco sé el camino...

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domingo, 18 de noviembre de 2012

Pensé que sí, pero no. Quise pensar que no... pero era que sí. Me di media vuelta y me hice la tonta. Fantaseé con un futuro incierto. Me morí de ganas de probar. Obvié las diferencias. Asumí riesgos. Soñé contigo. Sentí por los dos. Esperé sin recompensa. Esperé casi eternamente. Pregunté sin respuesta. Obtuve respuestas sin preguntar. Lloré con ganas. Reí con miedo. Me sentí vacía. Engañé a mi corazón. Culpé a tus ojos. Odié tu sonrisa. Cerré los ojos fuertemente. Me vacié de lágrimas. Di un salto valiente. Me completé yo misma. Volví a sonreír. Fingí que nada había pasado. Ignoré los cambios. Trunqué mis sueños. Di la bienvenida a la realidad. Pisé fuerte el suelo. Me atreví a soñar de nuevo. Sonreí contigo. Dije adiós al rencor. Acaricié el sentido común. Me odié por inocente. Olvidé mis miedos. Conocí mi verdadero yo. Te volviste imprescindible. 

Sigues siendo imprescindible. A veces, noto que quiero más. Que quieres más. Parece que he olvidado todo lo vivido. Olvido lo difícil que es. Lo inalcanzable que es. Olvido que estar escribiendo esto no tiene ningún sentido. Que nunca cambiarán las cosas. Ignoro el dolor. Me atrevo a volver a fantasear. Sonrío con muchas ganas. Sonrío esperando tu sonrisa como respuesta. Y la obtengo, sincera. Vuelvo a confundir sentimientos. Malinterpreto miradas. Me digo a mí misma que las cosas malas hay que recordarlas, para aprender de los errores. Quiero creer que fuiste un error. Algo que no debió pasar. Me veo obligada a encerrar a mi corazón en una habitación oscura. No quiero que vuelvas a llamar a la puerta, si no es para entrar y quedarte dentro. Para siempre.

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