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viernes, 6 de julio de 2012

Paciencia, divina ciencia

Siempre me he definido como una persona paciente, y creo que de hecho tengo mucha paciencia. No me desespero fácilmente y puedo esperar una eternidad si sé que al final voy a conseguir lo que quiero.

Pues así llevo los últimos años de mi vida. Más concretamente, dos años, cuando vi que todo lo que quería se esfumaba. Durante estos dos años,  he esperado lo inesperado, sin desesperar. He intentado distraerme con otras cosillas parecidas (pero que en el fondo no le llegan a la suela de los zapatos a lo que realmente quiero), pero siempre mantenía la esperanza de que algún día sería mío. Hace pocos meses, volvió. Y me puse más feliz que una niña pequeña con unos zapatos nuevos. Hasta aquí todo sería perfecto, pero hay un pequeño gran problema. No sé qué hacer para tenerlo, para alcanzar el objetivo que siempre he querido y que siempre he visto mío. Necesito un mensaje, una señal... o un golpe de suerte. Porque si no, tarde o temprano volverá a irse. Y algo me dice que más temprano que tarde.

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