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domingo, 22 de enero de 2012

Caminante, no hay camino. Se hace camino al andar...

Yo he decidido seguir mi camino, el que me marca mi voz interior. Por muchos obstáculos que encuentre por el camino, por muchas personas que se empeñen en hacérmelo más difícil e insistan en que no lo conseguiré. Sin prisa, pero sin pausa. Por muy tópico que suene. Haciendo frente a quienquiera que intente impedírmelo. Y... pasando por alto la incertidumbre de qué es lo que me espera al final de este largo recorrido. Porque si piensas en el final, disfrutas menos el proceso de avanzar. Como cuando estás leyendo un libro y la intriga es más fuerte que tú y te lees el final casi sin poder evitarlo. Sonríes al saberlo, sí. Pero cuando después retomas la lectura con esa gran sonrisa en tu rostro, lo disfrutas menos, porque entiendes cada pequeño detalle con un doble sentido que pueda estar relacionado con el final, y la magia de ir avanzando... se pierde.
La vida es mejor tomársela poco a poco, disfrutando de cada página y convenciéndote a ti mismo de que estás haciendo lo correcto. 
El final siempre será feliz. Y si no es feliz, es porque no es el final.

"Los que marchan muy lentamente, siguen el camino recto, pueden avanzar mucho más que los corren por senda extraviada."

"Dos cosas contribuyen a avanzar: ir más deprisa que los otros o ir por el buen camino."

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