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martes, 17 de julio de 2012

Somos sólo personas.

Personas que vienen y van. Personas que entran en tu vida para quedarse un rato, y otras que no se van nunca. Personas que, a pesar de irse pronto, dejan una huella imborrable. Personas que comparten contigo algo más que pupitre y clase. Personas a las que ves una o dos veces a la semana y te gustaría ver más a menudo. Personas que entran de casualidad y poco a poco te van calando muy hondo, hasta el punto de formar parte de ti. Personas a las que no encuentras cuando las buscas, y personas a las que encuentras sin buscar. Personas por las que harías mil locuras. Personas por las que llevas esperando quizá demasiado tiempo y no te atreves a dar el paso. Personas a las que nunca has visto en persona pero las aprecias muchísimo y te entienden incluso mejor que los que te rodean físicamente. Personas que se acuerdan de ti cuando les conviene. Personas intermitentes, que aparecen y desaparecen sin previo aviso. O personas que desaparecen y de repente vuelven, consiguen lo que quieren y se van. Personas que creías que eran de una manera y acaban siendo de otra. Personas que simplemente están ahí, pero que no te aportan nada en especial. Personas que han estado siempre, y sabes que nunca se irán. Personas con las que podrías estar hablando horas y personas que te aburren al minuto. Personas para las que pasas desapercibida y personas que lo pasan para ti...


Pero personas, al fin y al cabo. 



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