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lunes, 18 de junio de 2012

Demasiada seriedad.

Es más de la una de la madrugada y mañana tengo mi último examen del curso. Y además, el más difícil. Tengo un agotamiento mental y físico que cualquiera que se encuentre en un radio de proximidad a mi vida, puede comprobar. Miro ensimismada la pantalla mientras mis apuntes de Derecho Penal me llaman desde el escritorio. Sé que debo acudir a ellos, pero estoy un poco cansada de hacer lo que debo en lugar de lo que quiero, así que esta noche voy a permitirme el lujo de darme unos minutos a mí misma.

Hace días, meses, que prácticamente no me reconozco. Me miro al espejo y no puedo remediar imaginarme con 10 años más, dedicándome a lo que siempre he deseado. Pero no encuentro ni rastro de la que era hasta el verano pasado. De la que lloraba con Operación Triunfo y a la que le bastaban un parque, una bolsa de pipas y una cámara de fotos para pasar una tarde inolvidable.

Creo que me he sumergido en un mundo demasiado serio. Un mundo lleno de delitos, de tecnicismos pedantes y de personas vestidas con traje de chaqueta como uniforme diario. Siempre he sabido que yo quiero esto, pero no sé si aún estoy preparada para dar este salto tan grande.

Me da miedo sentirme durante el resto de mi vida como me he sentido los últimos meses. ¿Cómo? Fría con las personas que más quiero, por el simple hecho de que no ocupan su cabeza con lo mismo que la ocupo yo. Y no es que me muestre fría por desprecio ni nada semejante, sencillamente las tonterías que antes hacíamos juntos ya no me divierten; al igual que no me interesan los temas de conversación tan banales. Porque después de haberme empapado de las miles de maldades e injusticias que nos rodean día a día y escapan a nuestro control... sinceramente no me apetece hablar de si han cerrado no sé qué tienda o si han puesto un Smooy nuevo.

Y me da pena. Me da pena perder para siempre a esa niña alegre y gritona que imponía su ley por encima de todo (¿véis? ya de pequeña apuntaba maneras) y conseguía convencer a sus padres para que la llevaran a un concierto de David Bustamante. Aunque me siga muriendo de ganas de disfrutar de sus directos. Pero ahora ya entiendo que no es algo que necesite como el respirar. Que para necesidades vitales, ya están otras.

Por eso necesito como nunca este verano. Para volver a mi mundo. Al mundo de Mary Mosby, la chica soñadora que no hay día que pierda la esperanza de encontrar a su Ted, y no al de 239****3-G, 1º de grado en Derecho, grupo 5. O al menos, para comprobar si soy capaz de volver. Comprobar si he desaparecido al 100% o me estoy escondiendo en algún recoveco de esta nueva yo que a veces me encanta y otras veces me parece una auténtica desconocida.

Pero para eso, primero debo cumplir mis obligaciones. Así que, con vuestro permiso, mis apuntes me necesitan...

2 comentarios:

  1. ¡Mucha suerte!

    La verdad que yo no he cambiado demasiado al empezar la carrera, pero mi filosofía de vida en cuanto a la Universidad y obligaciones es totalmente distinta.

    Ya tienes ahí el verano, disfrútalo! Y a ver si este es el verano de Ted :)

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  2. Estoy completamente segura que esa Mary Mosby sigue por ahí, y que solo necesita un poquito de sol y playa para darse cuenta. Solo estás creciendo y madurando. Pero recuerda que serás siempre quien tú quieras ser.
    Si te planteas todas estas cosas... es porque algo de esa niña, todavía está en ti. Y hay tiempo para todo. Para ser ella y para ser toda una mujer :)
    Disfruta tu verano!!!

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