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domingo, 12 de agosto de 2012

Creo en los milagros.

Si te hubiera conocido en otro sitio, quizás ya me habría rendido. Si nos hubiéramos conocido de otra forma, probablemente hace bastante tiempo que habría dejado de intentarlo. Incluso si no hubiéramos compartido los momentos que hemos compartido justo en el día apropiado, tal vez nunca habría llegado a esperanzarme.

Pero la vida es así de caprichosa. Tú y yo somos tú y yo. Nos conocimos porque alguien así lo quiso. Y no puedo obviar todo eso. Soy de esa clase de personas que no creen en la casualidad, de las que intentan encontrarle un porqué a todo. Veo señales por todas partes (en ocasiones incluso donde no las hay), y tú estás lleno de ellas. 

Ahora que lo pienso, creo que siempre hubo algo que me guiaba hacía ti, pero lo veía tan lejano, tan tenebroso, tan perfecto... que me daba miedo y optaba por ignorarlo. 

Pero ese futuro tan inalcanzable empieza a hacerse presente. Veo un rayito de esperanza al que me aferro con todas mis fuerzas porque no quiero perderlo. No quiero que esto se convierta en otra historia inacabada sin final feliz. Y dentro de mí algo me dice que no será así. Por eso seguiré...

No he dejado de intentarlo,
porque creo en los milagos.

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