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domingo, 27 de febrero de 2011

Domingo. No me gustan los domingos. No sé si será porque la certeza de que mañana es lunes no me deja disfrutar como debería del último día de la semana, o porque el domingo es el único día en el que no lo veo. Creo que ésto último gana más peso.


Hacía mucho tiempo que no me sentía así. Me paso el día en la Luna de Valencia, pensando en cosas que no debería en el momento menos oportuno. Pero lo más sorprendente es que no me importa. Que me gusta sentirme como si fuera una niña encaprichada de un juguete. Me gusta que él ronde mis pensamientos a todas horas. Que me cueste concentrarme en el libro que tengo delante aún sabiendo que me esperan dos semanas mortales. Sí, me gusta. Porque estoy completamente segura de que esta muy cerca. Que lo único que tengo que hacer es saber esperar un poquitín más.

Me gustaría poder plasmar con palabras todo lo que siento cuando pienso en él, pero me es imposible. No soy capaz de explicar la sensación que recorre todo mi cuerpo cada vez que lo veo, ni por qué los minutos pasan volando a su lado. Si pudiera retroceder en el tiempo un año atrás y leer todo esto... pensaría que es imposible sentir algo así por él. Pero ya ves, tus planes no siempre son los del destino. Y, francamente, me gusta pensar que mi destino eres tú...

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