Sígueme si quieres, pero recuerda que yo tampoco sé el camino...

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miércoles, 23 de marzo de 2011

Cuando intentas por todos los medios que alguien salga de ese lugar tan profundo en el que se ha instalado, corres el riesgo de que otra persona quiera entrar repentinamente. Pero lo peor es cuando, aún sabiendo que ese alguien no se va a ir en mucho tiempo, dejas la puerta entreabierta, por si alguien quiere asomarse a curiosear. Entonces, ¿qué?
No estabas en mis planes, claro que no. Pero con esa sonrisa me estas ganando poquito a poco. No te lo voy a negar, me encanta mirarte y saber que me miras. Has despertado en mí "algo" que provoca que mi corazón se acelere cada vez que te veo.
Tus ojos. Sí, estoy segura de que tus ojos son los culpables. Me hipnotizan cada día con una fuerza que me obliga a querer mirarlos durante horas. Es una locura, lo sé. Pero, ¿qué puedo hacer? Estoy a punto de dejarte pasar. Entra, que no molestas. ¿El otro inquilino de mi corazón? Déjalo que espere. Que sepa lo que es ver cómo pierdes a alguien que te quiere.

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