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miércoles, 13 de julio de 2011

13/07/2011

Aún siendo consciente de que no lo vas a leer, me veo con la necesidad de escribirte. Llevo unos días sintiendo una presión en el pecho que me ahoga. Creo que estoy malinterpretando tus señales, pero es que no paro de pensar que estás empezando a corresponderme. Vale, ¿qué señales?, dirás. Quizás sí que esté un poco paranoica, pero es lo mínimo que se puede esperar de alguien como yo estando enamorada de alguien como tú. No sé si vas, si vienes, o si estás dando la vuelta. Me mareas constantemente. Lo mismo estás todo el día pendiente de mí, que a penas me hablas. Si es un juego, para, por favor. En cambio, si lo que pasa es que tú también estás confuso porque no sabes como interpretar tus sentimientos... estoy dispuesta a seguir mareada el tiempo que haga falta. Si me prometes que al final todo irá bien, espero lo que tú quieras. Días, semanas, meses... no importa. Porque nunca había estado tan segura de algo en mi vida, jamás había tenido una certeza tan grande como la que tengo ahora mismo. Como bien dice Descartes, para estar seguros de que algo es cierto, primero debemos dudar de ello. Y sí, he dudado mucho de mis sentimientos hacia ti, pero ello sólo me ha llevado a conocerlos mejor y a darme cuenta de que son más grandes de lo que pensaba. Te esperaré, eso ni lo dudes. Al fin y al cabo... ¿qué otra cosa puedo hacer?

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