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lunes, 7 de noviembre de 2011

Siete de noviembre.

  Si al empezar el año me hubieran preguntado qué dos días elegiría para disfrutar como una enana, tengo muy claro cuáles habría elegido: 16 de agosto y 7 de noviembre. Mi cumple y el de ella. Mis 18 y los de mi mejor amiga. Lo lógico es celebrar tus 18 años con las personas que más quieres, incluida tu mejor amiga, al igual que celebras los suyos y los esperas con toda la ilusión del mundo. Pues no es mi caso. 
El día de mi cumpleaños yo estaba lejos, y ella estaba aquí. El día del suyo, yo estoy aquí y ella está lejos. Para cualquier persona esto sería una verdadera putada, y de hecho lo es, pero lo intentamos llevar de la mejor manera posible. 
Oírla cantándome cumpleaños feliz a las 23:55 del 15 de agosto me hizo muy muy feliz, a penas podía reprimir las lágrimas, aunque no la viera, la sentía más cerca que nunca. Y bueno, felicitarla a través de una videollamada con un mechero simulando un número 1 y una vela en forma de 8 encendidas esperando esa brisa de tu boca que no iba a llegar, es una forma especial de decirte cuánto me importas, ¿no? Y ya sabes que no es precisamente poco.

 Qué irónico. Tus últimos cumpleaños me he despertado a tu lado y hoy, el día en el que cumples esa ansiada cifra, estamos a unos 500 kilómetros. Duele sentirte tan lejos, claro que sí, pero lo bueno que tiene nuestra amistad es que ya es tan sólida que los pequeños contratiempos como este no hacen más que fortalecerla un poquito más, si es que eso fuera posible. Porque por muy lejos que estés, yo te siento aquí a mi lado. La distancia es sólo física, y me encanta seguir contándote mis chorradas y leer escuchar las tuyas. Ha sido difícil acostumbrarme a tu ausencia, pero cada día que pasa estamos más cerca de vernos, y eso me ayuda a seguir hacia adelante. Además, ver que eres feliz ahí, en Madrid, cumpliendo tu sueño, es una razón más para levantarme con una sonrisa en la cara diaria.

 Saber que tienes una persona día y noche dispuesta a escucharte, consolarte o reír contigo, es uno de los regalos más maravillosos del mundo. Y yo te tengo a ti. Y no sabes lo afortunada que soy. Porque cuando pienso que nada tiene sentido, cuando me canso del mundo y quiero tirar la toalla en todos los aspectos de mi vida... me miro la mano derecha. Y ahí me encuentro un anillo. Una alianza que me recuerda que no estoy sola. Que hay alguien acordándose de mi y además  probablemente lo esté haciendo en ese mismo momento. Y entonces... sólo puedo sonreír. Y todo vuelve a recobrar sentido. Porque ese anillo no es una alianza más de las típicas que regalas a tus amigas del colegio y te sorprendes a ti misma encontrándotela en un cajón 2 ó 3 años mas tarde. No. Ambas sabemos que esto es para siempre. Que nada ni nadie podrá separarnos. Que nada ha podido con nosotras, incluso a pesar de que algunas veces ha habido motivos. Sabemos que esto es para siempre. Porque si tengo que dar la cara por ella y jugarme ciertas cosas que no quiero perder, lo hago. Y lo hago sin necesidad de que ella me lo pida, porque sé que ella haría lo mismo.


 Sé que todo esto lo sabes de sobra, pero joder, es el día de tu cumpleaños, tengo que recordartelo sí o sí. Hay una norma no escrita que obliga a hacer algo especial por las personas que quieres cuando celebran un año más de vida, aunque hay casos en los que no es necesario e incluso apetece recordarlo en cualquier otro momento, por simple necesidad.

 Sólo me queda desearte un FELIZ CUMPLEAÑOS, aunque tu día esté acabando. Que seas muy feliz SIEMPRE y que me sigas regalando tu compañía duranto muchísimo tiempo más. Porque yo, sin ti, ya no puedo.

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