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jueves, 23 de mayo de 2013

Desperté sobresaltada empapada en sudor. Pegué un par de patadas a ciegas y aparté las sábanas que casi me impedían respirar tranquila. No era la primera vez que me pasaba, para nada. 

Por muchas vueltas que le daba, era incapaz de explicarme qué hacías en mis sueños. De hecho, siempre te lo preguntaba, pero cuando estabas a punto de contestar, me despertaba sin poder remediarlo. Y me quedaba sin oír la respuesta. Y así noche tras noche. 

Luego te veía y no era capaz de decirte algo más que un simple "hola". Pero por dentro me mataba la curiosidad de saber por qué te veía cada noche cuando me dejaba arrastrar por Morfeo. 

Había un esbozo de respuesta en lo más interior de mí, pero no quería hacerle caso. Quería que fueras tú quien me lo dijera. Así que esa noche me propuse con todas mis fuerzas no despertarme hasta oír la respuesta. 

Pero no lo conseguí. Y me cabreé, me cabreé mucho. La única solución que me quedaba era preguntártelo la próxima vez que te viera. Y estaba dispuesta a hacerlo. 

1 comentario:

  1. A veces los sueños, nos pueden traer malas jugadas, recuerdos olvidados. Besos grandes :3

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