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jueves, 25 de agosto de 2011

Vuelta a la realidad.

Tras 11 días en el paraíso, toca volver a la vida real. A ver las mismas calles todos los días, a empezar a prepararse para una nueva etapa y a seguir con esta incertidumbre que no me deja dormir bien.
Podría contar miles de anécdotas desastrosas y las mil veces que las ganas de volver a Cartagena se apoderaron de mí, pero sinceramente prefiero quedarme con lo bueno. Ha sido una experiencia inolvidable, difícil de definir con palabras, porque para entenderla al 100% es necesario vivirla. 
He tenido la oportunidad de aclarar muchas ideas y de enredar más aún muchas otras. He conocido personas maravillosas, y me he quedado con las ganas de conocer a otras tantas por miedo a lo que pudiera pasar en un futuro. Por miedo a reemplazar a la única persona que no quiero por nada del mundo que salga de mi vida. ¿Cobarde? Sí, es posible que lo sea. Quizás esté agarrándome demasiado fuerte a algo que no tiene un soporte lo bastante firme, pero es mi elección. Y, a no ser que llegue otra persona que me haga mirar la vida con otros ojos... pienso seguir en mis trece. Dicen que estos viajes te cambian la vida, te muestran un camino claro, pero yo ahora mismo vivo en un vaivén constante de sentimientos que me ahoga. Necesito tiempo para mí misma. Tiempo de reflexión. Para ser capaz de plantarle cara antes de saber si debo coger el próximo desvío hacia la izquierda, o por el contrario, seguir todo recto... hasta donde ÉL me quiera llevar.

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