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sábado, 13 de noviembre de 2010

¿Sabes esa sensación que te viene sin que puedas controlarla y sin que te des cuenta? Sí, hablo de cuando no tienes ganas de nada, de cuando son muy pocas las personas capaces de sacarte una sonrisa. Sólo te apetece encerrarte contigo misma en un cuarto y no salir en mucho tiempo.
Cada persona intenta calmar esa sensación como mejor puede. Bien, pues ésta es la mía. Sentir cómo mis dedos se deslizan por el teclado haciendo un ruidito encantador al pulsar las teclas. Eso me tranquiliza. Sí, y mucho. Porque no hay nada que me apetezca más ahora mismo que estar escribiendo esto. Aun sabiendo que, con suerte, sólamente una o dos personas leerán...

Me da igual. No sabéis lo bien que me estoy empezando a sentir ahora mismo mientras escribo.
Porque, aunque hay gente que siempre está ahí, a veces no te apetece ni contar con ellos para desahogarte. Hay cosas que es mejor no contar, ni siquiera admitir que existen. Quizá porque así pensamos que podemos fingir que lo sentimos y que nos está haciendo daño.

1 comentario:

  1. Te entiendo perfectamente pequeña :)
    Escribe más, que sin tuenti te pierdo la pista! ;)
    Un besito!

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