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jueves, 4 de abril de 2013

Todo va a salir bien.

"Todo va a salir bien".

Esas fueron las últimas palabras que él le dijo antes de desaparecer para siempre de su vida, y aunque no había nada que quisiera más en el mundo, no le creyó. No concebía que algo pudiera salir bien si él no estaba allí para encargarse de hacerlo. Un mundo sin él no era mundo feliz, no era un mundo en el que ella quisiera vivir.

A pesar de que habían transcurrido muchas puestas de Sol desde aquella última que vieron juntos, jamás volvió a ver otra. Y no por falta de oportunidades. Quizá ese fuera el problema: la última la vio con él.

No podía negar que a menudo le apetecía volver a contemplar otra puesta de Sol, pero el recuerdo de aquel día seguía doliendo demasiado como para reemplazarlo por otro más cercano. El miedo siempre vencía a las ganas, muy a su pesar.

Así pasaron los días, sin puestas de Sol. Sin miradas cómplices, sin mensajes de buenos días, sin sonrisas disimuladas.

Y cuando ya creía que, efectivamente, nada iba a salir bien, un capricho de alguien de ahí arriba la obligó a mirar hacia un lado al que jamás antes había prestado atención. Y de pronto las mariposas despertaron, y por primera vez en mucho tiempo, no hizo nada por volverlas a dormir.

Y de pronto, volvieron las puestas de Sol. Y cualquier recuerdo doloroso vivido con el él del pasado fue sustituido por él en un abrir y cerrar de ojos. Comprendió que para que todo saliera bien, sólo era necesario mirar hacia adelante, buscar las puestas de Sol en un lugar diferente. Un lugar que finalmente resultó ser más bonito que el anterior.

Necesitó mucho tiempo para comprobarlo, pero al final descubrió que era cierto. Y ahora, con él a su lado... era consciente que "Todo va a salir bien".

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